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viernes, 27 de mayo de 2016

" el extraterrestre que se follo a mi mujer"

Era una calurosa noche  de mayo, me encontraba viendo la televisión y tomándome una cerveza, miraba una película llamada “el último forajido” de Clint Eastwood. Me gustan las películas de vaqueros, como ya les había dicho esa noche hacia mucho calor, sudaba mucho sobre mi sillón. De pronto la película fue interrumpida por un flash informativo
– interrumpimos las transmisiones para comunicarles que el pentágono ha informado que una nave espacial, o más conocido como un ovni, se encuentra volando sobre nuestros cielos, en estos momentos si salen a fuera, podrán observar la enorme nave que se encuentra detenida sobre el estado de Tennessee, les recomendamos guardar la calma, ya que nuestros ejércitos se  encuentran analizando el asunto y buscando una solución, han tratado por horas de comunicarse con la nave, pero sin ningún resultado aun. Les seguiremos informando.

Puras estupideces – pensé, seguí viendo mi película que habían vuelto a poner – Frank, ¿escuchaste eso? Extraterrestres – dijo mi mujer saliendo de la cocina, – son puras tonterías Margaret, no hagas caso, ahora metete a la cocina y termina ese estofado, que tengo mucha hambre y ya quiero cenar – Margaret volvió a entrar a la cocina, en ese mismo instante un gran temblor sacudió nuestra casa, mi mujer salió gritando como loca – Frank vayamos a un lugar seguro – decía – déjate de tonterías – le respondí, saque mi escopeta y salí al Patio trasero que era donde se había escuchado el mayor ruido del temblor – Jesucristo dios – dije cuando en mi patio vi una gran nave espacial, entre rápido a mi casa y cerré la puerta, pasaron unos minutos y después tocaron a la puerta, fui abrir y me encontré con dos extraterrestres como de 2 metros de altura, tenían los dedos de sus manos muy largos y eran muy cabezones con ojos grandes – ¿Qué desean? – les pregunte – que tal terrícola, hemos detectado aroma a comida, si nuestros cálculos son correctos es estofado de cordero – respondieron, Margaret salió de la cocina y al verlos dio un grito hasta el cielo, yo no sabía que hacer, así que los invite a pasar y sentarse a la mesa, le dije a Margaret que se comportará lo más calmada posible  para que no nos hicieran ningún daño, los dos extraterrestres se sentaron mientras mi esposa saco el estofado del horno y lo llevo a la mesa, yo me senté y Margaret también, los cuatro cenábamos.

Pero como ellos tenían unos enormes dedos, a uno se le cayó el tenedor – yo lo levanto –  dijo Margaret, se inclinó por el tenedor sin flexionar las rodillas, enseñándole el trasero a los invitados – terrícola que buena esta tu pareja – me dijo uno de ellos y continuamos cenando, me contaron los planes que tenían  sobre conquistar y destruir el planeta tierra y que por años nos tenían vigilados, que conocían nuestros gustos y placeres,  uno de ellos dijo – quiero segar con su esposa – ¿a que se refiere? –  pregunte, El otro contesto – segar para nosotros es lo que ustedes llaman follar, queremos follar con su esposa – Margaret grito asustada – oh no Frank, no lo permitas – dijo ella, yo me levante de la mesa – no lo permitiré, ¡largo de aquí! – Les ordene, uno saco algo parecido a una pistola, apuntó a nuestro refrigerador y disparo un rayo azul y lo hizo diminuto – follaremos con  tu esposa o te encogeremos los testículos – me dijeron a lo que respondí – esta bien,  de acuerdo, follensela -  cargaron a Margaret y se la llevaron a la recamara – no Frank, ayúdame – gritaba ella – lo siento Margaret, te amo pero amo mas a mis testículos y me gusta el tamaño en el que están – le respondí, me senté en el sillón y seguí viendo mi película, escuchaba los lamentos de dolor de Margaret, después de unos minutos escuche gritos de enorme placer – si, así, así, sigue mi rey galáctico – gritaba más y más Margaret con mucho placer, la curiosidad me gano y me fui asomar, estaban haciendo un trío, me quede impresionado cuando vi  sus penes, eran de 2 metros de largo por 30 centímetros de ancho – Jesucristo dios – dije, uno de ellos me miró y cerró la puerta.

Yo volví a sentarme, miraba la televisión, le subí todo el volumen para no escuchar esos gritos de placer, uno de ellos acabo primero y se vino a sentar conmigo a ver la televisión en lo que su compañero acababa, de pronto aquel ser saco una enorme botella, cómo de unos 50 centímetros de altura  y empezó a beber – ¿que es eso? – Le pregunte – es lanzer – respondió – ¿Qué es lanzer?  - Volví a preguntar – lanzer es algo muy parecido a lo que ustedes llaman cerveza, no hay nada mejor como una lanzer después de segar, quiero decir, de follar – yo me quede mirando, después me ofreció un trago, bebí – maldición – grite, esto es mejor que cualquier cerveza que allá probado en mi vida – pensé, estaba muy fría, el extraterrestre me explico que el lanzer siempre se mantiene fría todo el tiempo, jamás se calienta, eso es increíble, pensé.

Al poco rato salió Margaret con una cara de felicidad como si hubiese visto a dios, también de la recamara salió el otro extraterrestre y se dirigió a mi – Tu esposa se mueve bien, nos la llevaremos para que folle con nuestro pueblo donde ya  se extinguieron las hembras y a cambio de eso, no destruiremos la tierra – ¿ Qué podía yo hacer? Ellos tenían esa pistola encoge testículos, así que les dije que no me oponía, ambos se marchaban con Margaret, la cual no vi que se resistirá esta vez,  creo iba feliz al saber que todo un pueblo con enormes penes se la follarian, antes de irse le dije al que había estado conmigo en el sillón – ¿me puedes dejar una botella de lanzer? – Se me tío a su nave y saco un enorme barril metálico de 11 metros de altura lleno de lanzer y me lo dejo, los tres entraron a la nave y despegaron, muy lejos de nuestro planeta.

Los siguientes días, después del trabajo y sentado frente al televisor pensaba en lo sucedido, el gobierno siempre premia a los héroes, yo había salvado la tierra de ser destruida y ni una jodida medalla me habían dado, nada después de salvarlos de su miserable destino, salvándolos al dar a mi esposa, algunas noches miró al cielo pensando en Margaret, preguntándome si será feliz teniendo sexo diario, creo a veces la extraño, pero se me pasa cuando veo a lado de mi sillón ese enorme barril, lleno de rico lanzer frío.




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