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miércoles, 15 de marzo de 2017

"La mejor noche de su vida"



Por Luis Ángel Cobos




Quizá muchas personas, se sientan identificadas con lo que les voy a contar, no importa si se es hombre o mujer, todos alguna vez hemos tenido alguien del sexo opuesto, completamente loco de amor por nosotros. Ese fue mi caso con la linda Nancy, una hermosa mujer que creía que yo había hecho los cielos y la tierra, que pensaba que la luna brillaba por mi presencia, y desde que me conoció en el invierno de cuyo año no me acuerdo; se moría por salir conmigo. Pero la verdad es que, a mi me importaba un comino, no tenía tiempo para ella, después de haber salido de un matrimonio fallido, no quería nada formal con nadie. Todo mi tiempo lo ocupaba en sexo, drogas y alcohol; lo sé, lo sé, quizá Nancy era mejor que todo eso. Pero para mi, mis prostitutas y mi whisky lo era todo. Pero bueno, ya saben lo que se dice por ahí: "el que busca encuentra" o la otra jodida frase "el que persevera, alcanza" o algo así, me vale madres.

Un día a finales del mes de diciembre, salí a beber con unos amigos, si es que así se les puede decir, para ser más claro, amigos de borracheras. Empezamos a consumir alcohol desde las cuatro de la tarde, hasta las ocho de la noche, para esa hora, ya andaba seco de billetes, así que me aparte de ellos y me puse en marcha hacia mi departamento, era una fría noche, la luz de los faroles era muy débil, el viento corría suavemente, cuando pasaba por un parque, unas dos manzanas antes de mi hogar, encontré a Nancy, sentada en una banca, no sé si era por el alcohol; pero esa noche ella se veía hermosa, llevaba un hermoso vestido rojo, un abrigo negro de terciopelo.
— hola Héctor — me dijo al verme.
— hola, ¿Qué haces aquí? Es una noche muy fría.
— fui a cenar con unos amigos, y espero un taxi, pero no hay muchos, ¿tu de donde vienes?
— también de verme con unos amigos — le respondí, rayos, se veía tan hermosa. Es difícil describir la forma en que me miraba, para ella yo era su dios, no me pregunten porque; solo sé que así era. Yo tampoco lo sabía, siempre he sido un maldito perdedor, apostando en el hipódromo, trabajando de ves en cuando en un almacén como cargador, con una enorme demanda de mi ex esposa pidiéndome una pensión. Pero para Nancy yo lo era todo, era mi fan numero uno, y tenía tiempo pidiéndome una cita, pero siempre la rechazaba, porque sabía que ella era perfecta para mi, y eso me daba miedo, una vez un amigo me dijo que en esta vida no se puede ser feliz del todo, porque cuando se es feliz, la vida se lleva tu felicidad al caño; Nancy merecía algo mejor que yo.
— oye, hay una cafetería aquí cerca, ¿quieres ir? Yo invito — me dijo ella con una linda sonrisa dibujada en su perfecto rostro. Por vez primera, no la rechace y acepte esa invitación.

Es sorprendente como a veces nos pasan cosas como en las películas o en los libros, noches mágicas y románticas sin igual, y esa vez no fue la excepción. Estábamos platicando en el café, sobre las metas que ella tenía, quería ser escritora, soñaba con ser más famosa que Julio Verne o que Hemingway. Hacia mucho tiempo, que no disfrutaba de una buena charla, como la que tenia con ella. Salimos de la cafetería y nos dirigimos de nuevo al parque, hacia más frío, faltaba una hora para la media noche, estaba por encenderme un cigarrillo cuando Nancy me dijo algo que nunca olvidaré — déjame demostrarte que soy la mujer que te puede hacer feliz — me quede sin palabras, no sabía cómo responder ante eso «¿Una hermosa chica como ella, con un perdedor como yo?» pensaba mientras ella aguardaba por una respuesta.
— ¿No dirás nada? — me pregunto, a lo cual respondí, – solo tengo algo que decir — la tome por detrás de su cuello, la acerque hacia mi, y la bese, la bese como si no existiera un mañana, sentía que el corazón me latía a mil por hora, de pronto, en el cielo, estallaron fuegos artificiales, no recuerdo si eran Fiat festivos, pero parecía el final de una película de amor, nos continuamos besando, debajo de la luz que brindaban aquellas explosiones de colores, me sentía nervioso, me dieron muchas ganas de orinar, aunque no se si era por los nervios o por toda la cerveza que había ingerido.
— Es la mejor noche de mi vida — me dijo Nancy un poco sonrojada.
— Creo que exageras — le respondí, y la continúe besando. A lo lejos se escuchaba una melodía muy romántica, hacíamos como si bailáramos, todo se me hacia perfecto, aunque estaba algo ebrio, hubiese deseado estar sobrio para haber disfrutado mejor el momento. Me arme de valor y le pedí que fuera mi novia, ella acepto y yo sentía un nuevo renacer. Después de un rato de estar besándonos me dijo — Es tarde, me tengo que ir —  yo asenté con la cabeza, vi a lo lejos un taxi, le hice señas, se estacionó cerca de nosotros, le abrí a Nancy la puerta trasera, nos besamos, y ella entro — ¿nos vemos mañana? — me pregunto, — claro, me gustaría mucho — le respondí, el chófer puso en marcha el taxi, y mientras ella me decía adiós con su mano, yo me orinaba en los pantalones, pero ella no se percató.

Seguí viendo al taxi como se alejaba, ¿recuerdan lo que les dije sobre la filosofía de mi amigo, que no se puede ser del todo feliz? Bueno, pues creo tenía razón, en el siguiente cruce, en el cual el semáforo estaba en verde, un loco se cruzó el alto, y le pego de costado al taxi, justo en el lado donde iba Nancy, yo corrí hacia el automóvil, el chófer del taxi salió ileso, ella murió al instante,  el chófer del otro auto estaba completamente ebrio. Tome a Nancy entre mis brazos, hasta que la ambulancia llego, la bese en la frente, y vi como se la llevaron, no quise ir, no me juzguen por eso, aunque la verdad me importa un carajo si lo hacen, un corazón feliz y roto la misma noche, ¿Lo pueden creer? Empecé a caminar en dirección a mi Casa, aun recordaba sus palabras "esta es la mejor noche de mi vida" las seguí escuchando hasta que llegue a casa, nunca se puede ser del todo feliz, me cambie de ropa y salí de nuevo, aun bar cerca de mi casa, para verme con otro amigo de borracheras.