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viernes, 15 de julio de 2016

"El Hombre Perfecto"

Autor: Luis Angel Cobos 




La ciencia a tratado por todos lo medios de entrar en la mente de la mujer, saber como piensa, pero la verdad saber lo que las mujeres quieren o desean, es algo complicado, como a la hora de buscar un hombre. Muchas mujeres han dicho que el hombre perfecto debe tener dinero, ser  amoroso, detallista, romántico, fiel, que sepa escuchar,  y claro, tener buen físico. Estas discusiones se tienen a diario en la vida cotidiana, como nuestras tres amigas que se encuentran desayunando en un café de Manhattan Julia, Cristina y Rebeca. 

(Cristina) — ¿pero que dices rebeca? ¿Qué un hombre sin nalgas no es un hombre de verdad? 

(Rebeca) — por su puesto, un hombre tiene que tener trasero y unos buenos pectorales y claro, una cartera muy gorda.

(Cristina) — No estoy de acuerdo, no importa el físico mientras sea detallista y muy romántico.

(Rebeca) — ¿quieres decir que soportarías a un hombre gordo encima de ti, mientras te diga palabras bonitas al oído mientras te lo hace? No me lo creo, jajaja. 

(Julia) — No creo que exista el hombre perfecto 

(Rebeca) — oh querida Julia, no porque el último que tuvieras te allá puesto el cuerno, quiere decir que todos son iguales.  

(Cristina) — oigan chicas, ¿Qué les parece Brian? Es muy guapo 

(Rebeca) — ¿Brian el de publicidad? Si, esta muy bien, además que tiene buen físico y por lo que se está soltero, aunque pensándolo bien, creo es gay porque no lo e visto con ninguna mujer desde que llegó a la oficina. 

(Cristina) — No lo se, no parece gay, para mi seria un buen candidato para ser nuestro hombre perfecto, hasta ahorita lleva dos palomitas de aprobación, guapo y buen físico. 

(Rebeca) — solo hay una manera de averiguarlo

(Cristina) — ¿que quieres decir? 

(Rebeca) — averigüemos si es gay, y si no lo es, veremos si es el hombre perfecto. 

(Cristina) — ha si, ¿y como piensas hacerlo? Cara de orangután 

(Rebeca) — fácil cabeza de simio, que lo haga Julia 

(Julia) — ¿que? ¿Porque yo, porque no una de ustedes? 

(Rebeca) — porque tu eres la única solterona de las tres, además necesitas salir, quedarte en casa frente al televisor comiendo helado y galletas, no es tener vida social

(Cristina) — Sí querida Julia, llevas una vida triste, más triste que el día que mi abuela no encontraba su dentadura postiza. 

(Julia) — de acuerdo, pero no se me hace correcto jugar con alguien, solo por un experimento 

(Rebeca) — No es sólo eso linda, demostraremos que ya no quedan hombres perfectos, además en una de esas, te enamoras de el y viven felices por siempre.

(Julia) — ¿pero que dices? ¿Enamorarme yo? Ahorita no estoy para esas chorradas. 

(Cristina) — bueno chicas, volvamos a la oficina, ya acabo la hora del almuerzo. 

Así que estas tres amigas regresaron al trabajo. Trabajaban como secretarias en una gran agencia de publicidad y el encargado de publicidad era Brian, su hombre experimento. Rebeca y Cristina animaron o más bien la obligaron a que le hablará a Brian mientras este sacaba unas fotocopias de unos archivos, Julia se acercó a Brian cuando este parecía tener problemas con la maquina de copiado

(Julia) — hola, ¿necesitas ayuda? 

Rebeca y Cristina miraban de lejos.

(Brian) — hola, al parecer esta cosa me esta dando problemas, creo que se atora

Julia como buena secretaria que era se acercó a la copiadora y le dio una buena patada, y la maquina siguió sacando copias normalmente

(Brian) — Vaya, creo que tenía su truco, o acaso tu ¿tienes el don? 

(Julia) — oh nada de eso, solo que conozco bien estas herramientas de trabajo, las ocupo mucho. 

(Brian) — ya veo, ¿sacaras copias? Lo puedo hacer por ti.

(Julia) — No, solo vine porque te vi en problemas. 

(Brian) - pues gracias, eres mi salvadora.

Julia se empieza a retirar, algo sonrojada ya que Brian era un hombre que impone  presencia,  Julia camina de reversa lo cual provoca que tropiece con un escritorio, dio la vuelta aturdida y tropezó con un silla y se cayó quedando su cara dentro de un cesto de basura. Brian corrió rápidamente a levantarla. 

Rebeca y Cristina seguían mirando de lejos y riéndose por la situación

(Brian) — déjame levantarte ¿estas bien? 

(Julia) — Sí estoy muy bien gracias.

(Brian)  — oye, a lo mejor suene muy atrevido pero tengo dos entradas para ver a los yankees, ¿te gusta el baseball? 

(Julia) —  claro 

(Brian) — de acuerdo, te recogeré en tu departamento a las 6,  claro si medas tu dirección

Julia le anoto su dirección a Brian y este se marchó, ella regreso con sus amigas las cuales no paraban de reír

(Rebeca) — Vaya Julia, tu si que sabes dar una buena primera impresión 

(Julia) — conseguí una cita

(Cristina) — Vaya, nuestra amiga aun tiene el encanto.

(Rebeca) — Sí, al parecer todo el helado que engulle aun no le echa a perder sus caderas. 

Esa misma tarde Julia se preparaba para ir al partido de baseball — me dijo a las 6 pero como todo hombre llegara tarde — pensaba Julia, pero exactamente 5:59 el timbre de la puerta sonaba. Fue abrir y era Brian que llegaba puntualmente como todo un caballero, Julia se sorprendió, subieron al Aston Martín de Brian, un gran auto, ya que Brian por tener un buen puesto de trabajo, contaba con muy buena estabilidad económica ¿será otro punto a su favor?

Pronto llegaron al estadio donde jugaban los yankees contra boston, era un gran juego, Brian llevaba su guante,  en eso un jugador de los yankees Reggie Jackson conectaba un fantástico home run,  la bola iba directo a Brian el cual se puso su guante corrió y dio un gran salto como si fuese un profesional y acacho la pelota, el público que se percató de la atrapada le aplaudía.

Después del juego Brian desapareció un momento, después regreso y le extendió la pelota a Julia, la cual ya venia firmada por Reggie Jackson, había conseguido que se la firmará.

(Brian) — toma, es para ti.

(Julia) — ¿para mi? Te la ganaste, consérvala, fue un home run de Reggie Jackson, en un futuro valdrá mucho dinero.

(Brian) — dicen que da buena suerte, quiero que tu la conserves, para que te de suerte

(Julia) — Vaya, es un lindo gesto, gracias Brian.

Después Brian la llevo a su casa, le abrió la puerta del auto y la acompaño hasta su puerta, se despidieron y Brian se fue. Al día siguiente Julia le platicaba todo a rebeca y a Cristina, lo puntual que fue para la cita, lo caballeroso que se comportó, y el lindo gesto de la pelota. 

Rebeca y Cristina que eran muy incrédulas se preguntaban ¿a caso aun existirán los hombres perfectos? Julia y Brian siguieron saliendo, una noche fueron al cine, la siguiente a bailar y en otra fueron a una romántica cena, después de la cena en la puerta del departamento de Julia se besaron, pero no paso a más, Brian respeto a Julia y se marchó, Brian era todo un caballero.  Pasaban excelentes momentos juntos y había buena química entre ellos, se podía ver un buen futuro entre los dos. 

Se acercaba la cena de año nuevo y como todos los años en al oficina se celebraba con un baile, Julia siempre había asistido sola, pero esta vez parecía que las cosas cambiarían,  una mañana Brian se acercó a Julia y le dio una pequeña caja, Julia la abrió y se encontró que eran unos hermoso pendientes. 

(Julia) — están hermoso, pero ¿porque?

(Brian) — pues hace dos semanas que te conocí, hoy es cena de fin de año y quiero llevarte a casa porque quiero que conozcas 

En eso estaban cuando fueron interrumpidos por rebeca y Cristina

(Rebeca) — hola Brian, ¿asistirás esta noche al baile de la oficina? Supongo que ya invitaste a nuestra amiga Julia.

(Brian) — No asistiré, yo venia a ver a Julia para 

(Cristina) — ¿pero porque no asistirás? ¿Dejaras plantada a nuestra amiga?

A lo mejor fueron las palabras de sus amigas, pero Julia también empezó a ponerse testaruda y a enfadarse que Brian no quisiera asistir al baile de fin de año de la oficina, siempre ella asistía sola. Entre las tres hablando al mismo tiempo y sin parar, Brian se despidió de ellas y se retiró, diciéndoles  que tiene un compromiso más importante al cual asistir.

Rebeca y Cristina se sintieron indignadas  por su amiga y le metieron en la cabeza a Julia que Brian era solamente un hombre del montón.

(Rebeca) — te apuesto que tiene a otra y se verá con ella, y ya saben después de las 12 campanadas darle un gran beso de amor

Estas palabras molestaron a Julia, las tres planearon en seguir a Brian después del trabajo, las tres aguardaban en el coche de rebeca,  Brian salió después, subió a su auto y se marchaba, las tres amigas y van detrás de él. Brian se detuvo en una tienda de regalos, minutos después salió con una caja enorme y un moño gigantesco.

(Rebeca) — Mira Julia, un regalo y en envoltura rosa, no cabe duda que es para su amante. 

Llegaron al departamento de Brian, ellas seguía a la expectativa de lo que pasaba, después de que Brian entro a su departamento, minutos después salía una mujer como de 20 años de edad — seguro es su amante — dijo Cristina, después las tres se acercaron al departamento de Brian, pegaron sus oídos a la puerta, se escuchaban risas — de seguro tiene otra — dijo rebeca — ahorita lo descubriremos, y le enseñaremos que con nuestra amiga no se juega — las tres empujaron fuerte la puerta y lograron entrar.

(Rebeca) — ¡te descubrimos maldito cabronazo!

Pero al entrar las tres se encontraron con una distinta situación —¿ quienes son ellas papa? — si, Brian era un padre soltero, y la que hablaba era su pequeña hija de 6 años llamada Valery.  Rebeca, Cristina y Julia, no sabían donde meter la cabeza.

(Brian) — ¿porque irrumpen así en mi casa? 

(Cristina) — Lo sentimos, pensamos que estabas con otra mujer y bueno.

(Brian) — mujer? Julia ¿tu qué me dices?

(Rebeca) — pero que dices de la mujer que acaba de salir ¿Quién es? Seguro esa si es tu amante

(Valery) — es Alicia mi niñera 

(Rebeca) — ya me calle. 

(Julia) — Brian,  yo,  lo siento lo que pasa, es que tu no querías ir al baile y ¿porque no me dijiste que tenias una hija? 

(Brian) — pensaba presentártela  pero no me dejaban hablar

(Valery) — papa ¿ella es la mujer de la que me hablabas? Habías dicho que era encantadora, esta loca igual que sus amigas

(Cristina) — pero que encantadora criatura 

(Brian) — Valery por favor.

(Rebeca) — una padre tierno, vaya al parecer  el experimento demostró que aún quedan buenos hombres

(Julia) — cállate rebeca 

(Brian) — ¿de que experimento hablan?

(Rebeca) — pues solo queríamos saber si quedaban hombres buenos, así que le dijimos a Julia que te sedujera 

(Cristina) — rebeca, ¡ya cállate de una buena vez! 

(Brian) — ¿es cierto esto Julia? ¿Solo era un experimento para ti?

(Julia) — bueno, yo, Brian.

Julia no tenía palabras,  estaba muy avergonzada, Brian les pidió que se fueran de su departamento. Las tres salieron sin tener que decirse entre ellas.

Al día siguiente Brian pidió su renuncia, pero en el estacionamiento Julia lo alcanzo

(Julia) — Brian, perdóname, yo no quería que esto pasara, jamás fue mi intención lastimarte

(Brian) — No te preocupes Julia, olvidaré esto muy pronto, mi prioridad es Valery y nadie mas, cuídate mucho, adiós Julia.

Brian se fue para siempre de la vida de Julia. Una mañana se encontraban las tres amigas en el café de costumbre

(Rebeca) — Vaya, nos salió el tiro por la culata,  que divertido, quedamos como estúpidas frente a él

(Cristina) — Yo quería que viniera un tsunami y me ahogara en ese momento. 

(Rebeca) — Lo bueno que no te enamoraste de el Julia, si no ahorita estarías destrozada 

Se produjo un silencio total, lo cual solo podía decir una solo cosa

(Rebeca) — ¿te enamoraste de Brian?

(Julia) — perdidamente, como una loca. Le amo y ahora lo perdí.

Cristina y Rebeca se quedaron sin palabras, una semana más tarde, Julia acepto tener una cita obligada por sus amigas con un tipo de la oficina llamado Raúl, Julia esperaba en su departamento a Raúl, este ya se había retrasado casi 40 minutos, después sonó el timbre, Julia abrió la puerta, era Raúl. 

(Raúl) — la siento nena, no quise llegar tarde, estaba con unos amigos tomándome una cervezas, no te enfades, ya sabes  no existen hombres perfectos.

Julia no dijo nada, solo se quedó pensando y recordando.


martes, 12 de julio de 2016

"Un beso en París"


Autor: Luis Angel Cobos 





Coraline era una linda enfermera que trabajaba en el hospital General de Atlanta City, era una mujer joven, estaba por cumplir los 24 años de edad, amaba su profesión en todos los sentidos, desde niña siempre le había gustado cuidar de los demás. A veces le gustaba hacer doble turno en el hospital, era una mujer dedicada a su profesión que a su vez era su pasión.

Un día al comenzar su turno, acepto cubrir a una compañera en el área de urgencias. Era un hermoso y tranquilo domingo, pero casi al medio día llegaba una ambulancia, ella corrió a la entrada, le preguntó a los paramédicos la situación

— señor de 44 años de edad, sufrió un paro cardíaco, esta  muy débil.

Lo metieron de inmediato a urgencias, el doctor llego rápidamente y lograron estabilizarlo, después fue llevado a la sala de observación.  El nombre del paciente era Joe Lemoine,  recién llegado de Francia.  Horas más tarde Coraline fue a su cama para ver como seguía, pero se encontró con la sorpresa que el paciente ¡no estaba!

— ¿a donde fue el paciente?
Le pregunto Coraline al encargado de limpieza que ahí se encontraba

— salió al Patio, dijo que necesitaba tomar aire fresco.

Coraline rápidamente salió al Patio y encontró al paciente fumando

— ¿pero que cree que hace al fumar después de un paro cardíaco?

— ¿pardon? ¿Me habla a mi?  

— así es señor Lemoine, es al único que veo fumando aquí afuera, me habían dicho que había salido a tomar el aire fresco.

— bueno, es que yo le llamo aire fresco a fumar un cigarrillo.

—  señor Lemoine, deje de hacerlo, ya que el tabaquismo aumenta a más del doble la probabilidad de padecer una cardiopatía.

— ¿cardiopatía por fumar? No me haga reír mademoiselle, una cardiopatía por fumar, que bromista es usted.

— Yo ¡jamás bromeó en mi trabajo señor Lemoine!

— ¿le han dicho que su voz es algo irritante señorita? Además ya paso de los 40, ya voy de salida de este mundo ¿Qué importa el modo en el que pase?

El señor Lemoine,  parecía no interesarle mucho la vida, fumaba y tomaba demasiado, mucho para su edad, no era la primera vez que terminaba en un hospital, era como si buscará la autodestrucción. Pero coraline insistió.

— señor Lemoine, por favor.

— esta bien, solo por esos lindos labios que tiene lo haré

Coraline se sonroja por el comentario.

Joe Lemoine tiro su cigarrillo y lo apagó en el suelo, después fue a su cama en compañía de coraline. Algo que había empezado con una pequeña platica acalorada sobre tabaquismo, horas más tarde se volvió en una amistad, Joe le platicaba a coraline que era escritor y que había venido América a dar una conferencia en la universidad de Atlanta, el le regalo un libro el cual coraline le leía a Joe durante su estancia en el hospital. Después de unos días Joe era dado de alta, pero le prometió a coraline que pasaría a visitarla a diario.

Algo que no hizo durante unas semanas, un día cuando coraline salía de trabajar, en el estacionamiento, la esperaba el caballero francés

— Bonne nuit señorita coraline

— es usted, pensé que ya había vuelto a París

— ¿sin verla de nuevo? Quería invitarla a cenar antes de marcharme.

Coraline acepto, Joe había reservado una mesa en un famoso restaurant francés de la ciudad, una mesa apartada en un balcón, con una bella vista de la noche. Después de haber cenado, Joe le encargo al mesero una botella de su mejor champán, después alzó su mano e hizo una seña a un violinista que llego a tocar "la vie en rose"

— Vaya ¿así son todos los franceses cuando cenan con cualquier persona? Aunque no lo creo de usted señor Lemoine,  he leído sus libros y no son libros de amor y nunca acaban en final feliz.

— No me hables de usted, llámame Joe ¿y  que dices? Tu no eres cualquier persona, me salvaste la vida.

— Yo no le salve la vida, quiero decir, yo no te salve la vida Joe, solo asistí al doctor y después te cuide.

— el mejor cuidado que halla recibido en mi vida, además esto no sólo es una cena cualquiera, si no que quiero contratarte

— ¿contratarme?

— Sí, por lo que me pasó, necesito cuidados, quiero que vengas conmigo a París, te pagaré bien, muy bien, no me respondas ahorita, piénsalo, mañana paso al hospital por tu respuesta. Ahora solo disfrutemos la velada.

Al día siguiente el señor Lemoine paso al hospital, tal y como había dicho, coraline pensó toda la noche y acepto trabajar con el señor Lemoine, siempre había querido conocer Francia. Un día después ambos volaban rumbo a París, conocida por muchos como la ciudad del amor.

 Al llegar a París Coraline se instaló en el departamento de Joe, que era muy espacioso, dos días después Joe organizó una fiesta en su departamento y presentó a coraline entre sus amistades. Coraline se dio cuenta que Joe Lemoine era un soltero muy cotizado entre las mujeres y muy estimado por los hombres,  Joe había estado casado 4 veces, y no creía en nada, más que en sus libros, el juego y el alcohol. A las amistades de Joe, coraline les pareció una mujer muy hermosa, ¿a caso ella será la mujer que derrita el frío corazón de Joe? Se preguntaban todos.

Joe era muy inteligente y de buen sentido del humor, hacia reír mucho a coraline, pasaban grandes tardes juntos, leyendo, yendo a teatros, su departamento se lleno de alegría, parecían una pareja de enamorados, Joe le compraba a coraline hermosos vestidos, había mucha química entre ellos, todo lo hacían juntos, aunque a veces había noches malas, por el alcoholismo de Joe, coraline lo cuidaba, una noche coraline le dio primeros auxilios, para evitar un posible nuevo ataque cardíaco, pero a pesar de eso, todo iba de maravilla.

Así paso un año de felicidad, fue una relación de respeto entre jefe y empleada, entre enfermera y paciente. Pero entre ellos se veía una atracción que no podían ocultar, y que muchos ya se habían dado cuenta. Algo que a todos los amigos de Joe les parecía bueno, porque sabían que Joe después de su último divorcio era un hombre muy solitario y con poca vida social. A lado de Joe, coraline conoció los más bellos lugares de París, la torre eiffel, el café fleur,  y el museo louvre. Joe era un hombre muy culto, un escritor muy talentoso, aunque a veces parecía que le gustaba el dolor y el sufrimiento, a causa de sus fracasos matrimoniales, no creía ya en el amor, por eso sus libros nunca acababan en final feliz. Pero cuando estaba a lado de coraline, parecía un hombre distinto, se podía ver de nuevo el brillo en sus ojos, las ganas de vivir. Coraline también era feliz a lado de el, le parecía un hombre muy interesante. Y aquella antigua ciudad de París,  llamada la ciudad del amor, hizo lo suyo.

Después de mucho tiempo juntos, Coraline acepto para si misma sentirse atraída por el, no sabía si era lo enigmática de esa ciudad, pero solo quería besar a Joe, algo que hizo una noche de navidad en la plaza Saint germain, bajo las luces de los faroles y copos de nieve que caían sobre ellos, Joe respondió al beso de coraline, regresaron al departamento donde hicieron el amor como dos recién casados, y coraline conoció la experiencia de Joe en la cama, y Joe a su vez descubrió la belleza de coraline. La belleza de la flor de la juventud.

Días después, una noche paseando por las iluminadas calles de París, coraline abrazo a joe, le rodeo el cuello con sus brazos, le miró a los ojos y le dijo

— te amo Joe

Pero Joe la apartó fríamente de el.

— ¿pero que dices? — preguntó Joe a coraline

— estoy enamorada de ti.

— No, no digas eso, eso no puede ser

— ¿a qué viene eso? ¿Cómo que no puedo estar enamorada de ti?

— pues porque nuestra diferencia de edad es muy notable

— pero a mi no me importa la edad, yo te amo Joe

— No coraline, ahorita no te importa, pero con el tiempo te importará, conocerás alguien más joven que yo y entonces me dejaras, solo estas confundía.

— No es así, no estoy confundida.

— Lo siento coraline, esto no puede ser.

— ¿y que hay con lo que hemos pasado, las noches juntos?

— la hemos pasado bien coraline, Podemos tener una relación libre, seguirnos acostando juntos, pero nada más.

Coraline le da una cachetada a Joe y se marcha corriendo y llorando, al parecer todo se derrumbaba,  y nuevamente Joe perdía a otra mujer, aunque para Joe coraline era distinta y mejor que las demás con las que se había casado, pero el miedo de Joe a sufrir otra vez era más grande, era una lastima que eso pasara.

cuando Joe llega a su departamento se da cuenta que las cosas de coraline no están en el armario, había sacado toda su ropa, Joe recorre todo su departamento, empieza a tener miedo y sentirse solo — ¡coraline! ¡Coraline! — gritaba Joe con desesperación, se sentó en su cama a pensar, encontró una nota sobre la almohada, era de coraline, en ella le dice que se regresa América.

Joe empezó a sentir un malestar en el corazón, empezó a sentir en su  departamento un vacío, donde antes había alegría. Lo medito, y se dio cuenta de la estupidez que había cometido, que por primera vez después de mucho tiempo era feliz — ¿que hice? Oh coraline — se dijo Joe, salió corriendo a la calle, tomo un taxi y le dijo al chófer que se dirigiera al aeropuerto.

En el aeropuerto, Coraline esperaba su vuelo, mientras fumaba un cigarrillo, algo inusual en ella, que no era fumadora, quizá lo aprendió de Joe, a lo mejor era para calmar la tristeza, pero una voz a lado suyo le dijo

— deja de hacerlo, ya que el tabaquismo aumenta a más del doble la probabilidad de padecer una cardiopatía.

Era Joe

— ¿que haces aquí? — preguntó coraline
A lo cual el respondió

— te amo, te e amado desde que te conocí pero no lo quería aceptar, pero al sentir que te ibas,  tuve miedo, miedo de no volverte a ver, miedo de no tenerte en mi vida,  eres todo para mi.

— oh Joe — dijo coraline con ojos apunto de querer llorar, Joe prosiguió diciendo

— no quiero perderte coraline, soy escritor, siempre vivo en la fantasía, ya no quiero que mi vida sea solo fantasía, quiero vivir en la realidad, y mi realidad eres tu, quiero que el libro de mi vida acabe en final feliz, y ese final feliz solo lo lograre si te quedas a mi lado,  ¿Qué dices?

Coraline corrió y abrazo fuertemente a Joe y lo beso, lo beso como si no fuera a besar nunca más en su vida y después de eso se marcharon juntos, para vivir su final feliz, para vivir su bello romance bajo el cielo de París.







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sábado, 9 de julio de 2016

" La cómica aventura de charlie"






Charlie era  un joven de Brooklyn de 20 años de edad que estaba enamorado de su maestra de literatura, la señorita White,  era una mujer bella y muy sexy, con hermosas piernas, las cuales las  hacia relucir todos los días con las minifaldas que se ponía, entre los alumnos se contaba la leyenda que a la maestra le gustaba acostarse con jovencitos flacos, algo bueno para Charlie que era de esquelética figura, y así fue, la maestra se sintió atraída por Charlie,  un día la señorita White invito a Charlie a su departamento en la avenida Columbus en Manhattan, Charlie llego al edificio, la señorita White vivía en un departamento del sexto piso, cuando Charlie llego, la maestra le abrió la puerta y lo hizo entrar deprisa al departamento, la señorita White vestía un Sexy Baby Doll Vestido Con Hilo Y Ligueros más unas medias, Charlie sentía que se le iba la respiración, la maestra le sirvió una copa de champán, y antes que Charlie se pudiera tomar la Copa, la maestra ya lo estaba desvistiendo, era un sueño erotico echo realidad para Charlie, la gran fantasía de cualquier alumno, ambos estaban desnudos en la cama apunto de fornicar, cuando se escuchó que abrían la puerta

— amor, ya llegue

— oh por dios! Es mi marido, rápido tienes que salir de aquí — le dijo la señorita White a Charlie

Pero era un departamento cerrado, solo había una puerta de salida

— vamos, por la venta, sal por la ventana

— ¿Por la ventana? ¿Esta usted loca? Estamos en el sexto piso, me mataría si salgo por la ventana - respondió Charlie muy nervioso y asustado

— sal por la ventana te digo, afuera hay un bordo para que te pares, solo espera un momento, yo me llevare a mi marido a dar una vuelta, luego entras y te vas.

La señorita White empujaba a Charlie hacia la ventana, así que no le quedó a este más que obedecer, salió por la ventana, salió tan deprisa que no le dio tiempo ni de ponerse sus bóxer,  el esposo entro a la recamara, pero la señorita White fue muy rápida para vestirse, le dijo a su marido que tenía hambre y que la llevará a comer a un restaurant, como el marido no sospechaba nada, acepto llevarla al restaurant, Charlie esperaba afuera tapándose sus genitales con sus manos y tratando de no caer, solo estaba parado en un angosto borde de concreto mirando sigilosamente por la ventana, después que hubo visto que la pareja salía del departamento, trato de abrir la ventana, pero esta estaba cerrada, por los nervios la señorita White le había puesto seguro — oh mierda — dijo Charlie al percatarse que se había quedado afuera,  eran las 6 de la tarde así que aún era de día, Charlie trataba desesperadamente de abrir la ventana, pero sin resultado alguno — en que lio me vine a meter, mierda, mierda, que me JODAN por imbécil — se decía Charlie a si mismo, en eso estaba cuando escucho un grito

— ¡Oh santo cielo! Ese chico se va suicidar
el grito era de una señora que pasaba caminando por ahí y la cago una paloma,  al voltear hacia arriba,  vio a Charlie, pensando que era un suicida, con el grito llamo la atención de todos los transeúntes

— No, no, señora no me quiero suicidar, solo no puedo entrar — dijo Charlie
Pero la señora no alcanzaba escucharlo y seguía gritando — alguien haga algo, ese joven se quiere quitar la vida

No tardo mucho para que el tráfico se detuviera, todas las personas querían saber lo que estaba pasando, la gente ya estaba reunida al pie del edificio contemplando a Charlie desnudo, unos minutos después llegaba la policía — mierda, lo que me faltaba — pensaba Charlie

Pronto la policía le hablaba a Charlie mediante el alta voz — hijo, baja de ahí, no te hagas daño, el suicidio no es la mejor solución

— oh no señor, no me quiero suicidar, me quede afuera y estoy tratando de entrar — les gritaba Charlie, pero no le podían escuchar por el ruido de los murmullos de la gente y por la sirena de los bomberos que se acercaba a gran velocidad, y se estacionaba cerca del edificio.

El capitán de los bomberos le pregunto al oficial de policía cual era la situación — tenemos a un suicida desnudo, estamos tratando de calmar el asunto — dijo el policía,  el bombero tomo el alta voz y dijo — vamos muchacho baja de ahí — la noche casi llegaba y Charlie trataba de abrir la ventana pero no podía, empezó a golpear la ventana para romperla pero el vidrio era muy grueso

— ahora golpea la ventana por la impotencia de no querer seguir viviendo, pobre muchacho — le dijo el bombero al policía, en ese momento un helicóptero de noticias hacia su aparición, sobrevolaba el lugar, haciendo una trasmisión en vivo para los noticieros vespertinos

— estamos trasmitiendo desde la avenida Columbus, donde vemos a un joven en las afueras de un edificio queriéndose quitar la vida

— oh tiene que ser una broma — decía Charlie desesperado

El helicóptero sobrevoló a unos 3 metros  cerca de Charlie para tratar de obtener unas palabras de el, y empezó a decirle

— hola muchacho, ¿Cómo te llamas?

— me llamo Charlie.

— hola Charlie, estas en televisión nacional, dinos Charlie ¿porque te quieres suicidar?

— No, usted se equivoca, solo quiero que todo esto acabe

"solo quiero que todo esto acabe" como acaban de escuchar estimados televidentes,  esas fueron las palabras de este joven, ya quiere acabar con su vida de una vez por todas

— No, yo no me refería a eso — intentaba decir Charlie, pero el reportero no le escuchaba bien por el ruido de las hélices  del helicóptero,  así que el reportero prosiguió diciendo

— al parecer este joven quiere morir como dios lo trajo al mundo, quiere morir desnudo, tal y como nació, la policía y los bomberos están analizando el asunto, para ver que hacen con el suicida desnudo. No cabe duda que estamos frente a un pobre perdedor, un pobre diablo que no encontró mejor salida, solo hay que verle la cara de imbécil para saber que no pudo haber pensado mejor solución, pobre fracasado, seguiremos transmitiendo.

— he! No diga esas cosas de mi.

La noche ya había caído, hacia frío,  el helicóptero seguía trasmitiendo, abajo en la calle había unas diez mil personas reunidas y la policía alumbraba a Charlie completamente desnudo cubriéndose las pelotas, la noticia le daba la vuelta al mundo, se decía que el papa rezaba desde el Vaticano por el alma de Charlie.

— ¡Charlie! ¿Qué demonios haces ahí?

— ¿mamá eres tu?

La mamá de Charlie lo había visto por las noticias, así que rápidamente fue hasta Manhattan para estar a lado de su hijo

— ¿porque nos haces esto Charlie a tu padre y a mi? ¿Qué hemos echo para que te quieras quitar la vida tan cobardemente? Siempre supimos que eras un perdedor, pero no sabíamos hasta que punto

— No mamá, No es eso.

 — debimos a verte mandado a esa escuela militar para que te hicieran hombre.

— ya basta mamá, no sigas!

Un  Bombero se acercó a la mamá Charlie — señora ¿Por qué nunca le dio de comer a su hijo? Esta demasiado flaco

Oh no señor bombero, lo heredó de su padre, también parece un tarro de bambú, fíjese usted que mi Charlie siempre a sufrido de gases y pues mucho menos logra engordar, si se le sale todo.

— ¡mamá no cuentes más  mis intimidades!

¿Pero que dices? Si todo el mundo ya te está conociendo todo, baja de ahí

Los policías se reunieron con los bomberos — esto se pone peor, hay que actuar de una vez, este chico no entiende razones — decían entre ellos, rápidamente la policía extendió debajo de Charlie una red protectora, era sostenida por 6 policías, los bomberos sacaron sus mangueras y gritaron a Charlie — Lo siento muchacho, pero si no quieres bajar por las buenas te haremos bajar por las malas — una vez dicho esto, dispararon un fuerte chorro de agua contra Charlie, era tanta la presión que Charlie cayó,  la gente grito, pero afortunadamente cayó sobre la red protectora, una vez abajo, la policía lo sometió en el piso y lo esposaron, lo metieron a la patrulla y se lo llevaron, la gente aplaudía mientras la patrulla y los bomberos se alejaban.

Al día siguiente la noticia salía en todos los periódicos del país, venia fotografiado Charlie cayendo por el chorro de agua, enseñando los testículos a nivel nacional. Pero aún así, la señorita White  y su esposo jamás se enteraron de lo que paso. Después de esto Charlie escarmentó y  jamás se volvió a meter con ninguna mujer casada  — todo lo que había pasado por una sexy profesora — pensaba charlie, el buen Charlie se hizo famoso, aunque no de la forma que hubiera querido, hasta se hicieron playeras de el con la fotografía del periódico, donde enseñaba las bolas mientras caía. La revista Rolling Stones lo nombro el perdedor del año y siempre fue conocido como el suicida desnudo.
  

Autor: Luis Angel Cobos 

viernes, 8 de julio de 2016

"Si no te hubieras ido, sería tan feliz"





Harry se movía de un lado para el otro de la cama. Eran las 2 de la madrugada, no podía dormir, hace solamente 6 horas que Cristina su esposa había terminado con su relación, estaba desesperado, no podía comprender porque lo había dejado, regresaba del trabajo, de ese sucio trabajo en un matadero de animales  que había aceptado, solo para pasar más tiempo con ella, para comprarle sus caprichos  ¿y con que se encontró? Con una nota donde le  decía Que se ha marchado con otro. Siempre estuvo para ella, siempre la escuchaba, ponía atención a los detalles, a las fechas — ¿Qué hice mal? — Se preguntaba Harry, no podía dormir, sus pensamientos lo torturaban.

Hace 23 años atrás había conocido a Cristina en un hospital, Harry se había tenido un accidente automovilístico, y Cristina fue la enfermera que le curó las heridas. Como Harry no tenía familia quien lo visitará, Cristina pasaba mucho tiempo con el, le leía libros y le contaba chistes para hacerlo reír cuando se sentía triste por estar en cama. Se enamoraron y fueron novios por 3 años, después se casaron, Harry estaba loco de amor por ella, dejo su empleo en una oficina de contadores ¡para estar mas tiempo con ella!, y 23 años más tarde, esta se marchaba de su vida.

Al día siguiente Harry fue a un bar con su mejor amigo Leonardo a tomar unas cervezas para calmar un poco su dolor, Leonardo era amigo de Harry desde la infancia, habían crecido juntos, eran como hermanos

— ¿Qué hice mal Leonardo, amarla? 

— ya no te tortures así Harry, piensa que hay más mujeres en el mundo, ella fue la que no te supo valorar

— sabes algo, el año entrante pensábamos intentar tener un hijo, le pondríamos por nombre Frank, como el padre de ella, bueno, pues creo ahora lo tendrá con otro.

Leonardo puso su mano sobre el hombro de Harry, intentando consolar a su amigo, siguieron tomando todo aquel día, las semanas siguientes fueron un total infierno para Harry, no podía dejar de pensar en su esposa, en los momentos que habían pasado juntos, en lo mucho que todavía la amaba. Su amigo Leonardo pasaba en las tardes a visitarlo a su casa a ver como seguía, le llevaba comida y cerveza. 

Harry empezaba a perder peso, se había vuelto un completo adicto al alcohol y al tabaco, muchas noches pensó en el suicidio,  cuando no trabajaba se la pasaba todo el día en casa, tomando y viendo documentales de animales, casi no se bañaba ni se rasuraba,  parecía un completo vagabundo, estaba muy demacrado. 

Un mañana Harry se dirigía al trabajo, pero a medio camino decidió faltar. Así que decidió ir a caminar por el parque un momento, se sentó en una banca y empezó a ver a  las personas caminar, miraba las palomas volar, los árboles mecerse por el viento, a las parejas de novios abrazarse, era una tortura todo aquello que veía, pero de repente a lo lejos alcanzo a ver a Cristina, así que se levanto y corrió hacia ella, hasta que estuvo frente a frente con su aun esposa.

— ¿porque lo hiciste Cristina? 

— ¿Harry que haces aquí? Deberías estar en el trabajo

— No quise ir, no estado bien, te extraño mucho, pero no me has contestado la pregunta ¿porque lo hiciste Cristina, porque me dejaste?

— Lo siento Harry,  pero e conocido a otro, me duele verte tan demacrado, no fue mi intención lastimarte. Lo siento pero tengo que irme, cuídate Harry. 

Cristina se marchó y Harry se quedó solo en aquel parque, ya en la noche decidió ir a tomarse unas cervezas y le mando un mensaje al celular de Leonardo para que lo acompañará a tomar, pero este no contestaba, así que fue a un supermercado, compró un par de cervezas y se dirigió a casa de Leonardo para contarle lo que había pasado, al llegar toco la puerta, al momento abrió la puerta una mujer en bata de dormir, era Cristina 

— ¿Cristina? ¿Pero que haces tu aquí? 

Cristina estaba completamente pálida al ver a Harry,  no podía casi ni hablar, en eso salió Leonardo y dijo — oye Harry, te lo puedo explicar, no sabíamos como decírtelo

— así que me dejó por ti

— Harry, la verdad es que yo, no sabía qué decirte — dijo Cristina mientras empezaba a llorar. Pero Leonardo agregó 

— oye amigo, lo siento, es que simplemente paso, nos enamoramos

— ¿amigo? ¿Me llamas amigo después de quitarme a mi mujer? ¿Me llamas amigo después de según tu, acompañarme en mi dolor y poner tu mano sobre mi hombro? Eres un maldito hipócrita, con razón decías "vamos Harry, hay muchas mujeres" claro, como tu ya tenias a Cristina, eres un maldito hijo de perra.

Harry le empezó a lanzar de golpes a Leonardo, Cristina gritaba, Harry tiro al suelo con un golpe recto a Leonardo y teniendo a este en el suelo, le siguió pegando, después Harry se levanto y dijo

— te mataría, pero no vales la pena.

Volteo a mirar a Cristina y después sin decir mas se marchó de la casa de Leonardo.

Las siguientes semanas Harry se la pasaba de bar en bar, era completamente desdichado, traicionado por su mujer y su mejor amigo, pasaba interminables noches llorando. Hasta que un día alguien toco a su puerta, fue abrir y cual fue su sorpresa, era Cristina

—  hola Harry, he dejado a Leonardo, después de lo que paso estuve pensando mucho y medí cuenta que lo que sentía por el era solo un capricho

Harry escuchaba mientras ella seguía hablando y empezaba a llorar a la vez 

— No se que me pasó, me sentía tan aburrida y asfixiada que no sabia que hacer, y me siento tan mal por lo que te hice, y no te pido que me perdones porque se que no lo merezco pero necesitaba decirte cuanto lo lamento, en verdad lo lamento tanto, perdón. Se que me odias pero bueno, no sé qué más decirte. Fui una estúpida, contigo tenía el verdadero amor y todo lo tire a la basura por un tonto capricho, fui una idiota, pero bueno Harry, disculpa si te moleste, es mejor que me vaya, espero un día me puedas perdonar.

Cristina se daba la media vuelta y se marchaba, cuando Harry dijo

— te perdono Cristina

Cristina volteo, no podía creer lo que escuchaba.

— ¿de verdad Harry? 

— Sí, y quiero que regreses a la casa, no importa lo que hallas hecho, la verdad es que te amo, y no quiero estar sin ti, te perdono todo, olvidemos esto y sigamos adelante, te amo, regresa a casa ¿Qué dices? 

— oh Harry, claro que regresaré, te amo.

Ambos se abrazaron y se metieron a la casa e hicieron el amor.

Jamás se volvió a saber de Leonardo, cuando se cae tan bajo que se puede mirar a los ojos a una serpiente, es mejor desaparecer. Harry y Cristina volvieron a estar juntos y con el tiempo tuvieron un hijo, a lo mejor otro hombre no hubiese perdonado, pero Harry si lo hizo, nunca sabes lo que harás hasta que te enamores de verdad, intentaron seguir con su vida, pero siempre queda la marca de la infidelidad, aunque dicen que el amor lo borra todo, y tu ¿perdonarías por amor?



Autor: Luis Angel Cobos 


jueves, 7 de julio de 2016

"caperucita roja: la verdadera historia"








Había una vez una niña, que ya no era muy niña, tenía unos 15 años de edad, era odiada por todo aquel que la conociera, y sobre todo por su abuelita. Decían que una vez tuvo un novio que la engaño con otra mujer, y que desde entonces había quedado completamente amargada y que odiaba a todo el mundo. Un vez su abuela le regalo una pequeña caperuza o gorrito de un color rojo, ella sabía que su nieta odiaba el rojo, así que se lo compro de ese color para joderla. Así que la empezaron a llamar caperucita roja. Un día caperucita discutía con su madre

– es que  mama, la anciana solo lo hace por joderme, ya sabe que odio el color rojo y entonces ¿para que comprarme una caperuza de color rojo? Dime si no crees que fue a propósito

–  hija yo siento que exageras demasiado, esta bonita la caperuza

– con todo el dinero que tiene, y solo me compra una estúpida caperuza

La abuelita vivía en el bosque, como a un kilómetro de su casa, tenía una enorme mansión con hermosos jardines y fuentes, se cuenta que hace tiempo el  esposo de la anciana encontró petróleo cuando cavaba un hoyo, para enterrar a un gato que había atropellado con su automóvil cuando se echaba de reversa. Ahora la anciana era muy rica y ese era el coraje de caperucita, pero más coraje le dio cuando se enteró que su abuela planeaba dejarla fuera de la herencia  – pero esto no quedara así – pensaba caperucita roja, empezó a vender cajetillas de cigarrillos y ahorro y se compró un pequeño revolver Smith & Wesson modelo 36.

Una fría mañana salió de su casa con dirección al bosque, para de una vez por todas obligar a su abuela que la pusiera dentro de su herencia, cuando se encontraba en lo profundo del bosque se encontró con el lobo feroz

– oye escritor ¿porque siempre me tienen que poner como el lobo feroz? Solo soy una simple y tierno lobito, así que no exageres y continúa con el cuento

Como decía, caperucita se encontró con un lobo en el bosque.

Buenos días caperucita – dijo el lobo

 – ¿Qué pasa? – Respondió caperucita
 – ¿adónde vas tan temprano, caperucita roja?
 – Voy a casa de mi abuela
 – ha mira que bien ¿y que llevas en la canasta?
 – pasteles y vino para mi abuela, porque esta enfermita
 – ¿y donde vive tu abuelita?
– como a un kilómetro más adelante, en una enorme mansión

De pronto de la canasta de caperucita roja cayó el revólver, el lobo alcanzo a verlo pero caperucita lo levanto y lo metió rápidamente en su canasta.

– ¿y ese revolver Smith & Wesson modelo 36 para que lo quieres caperucita?
 – pues ya sabes, es un bosque y es peligroso andar sola por estos lugares
– ha mira – dijo el lobo
 – pero bueno ¿Por qué tantas preguntas? ¿Acaso eres policía o algún detective privado?
– no solo es curiosidad caperucita, te daré un consejo ¿Por qué no tomas este camino que es más corto? – Señalándole un sendero – así llegaras más rápido a casa de tu abuela
– gracias pero traigo mi GPS para no perderme
Caperucita saco su iPhone 6, pero se dio cuenta que en medio del bosque no tenía señal, así que no le quedó más remedio que hacerle caso al lobo y tomo el sendero que el lobo había señalado. Cuando caperucita se hubo alejado el lobo empezó actuar con desesperación y a pensar
 – esa caperuza tiene algo planeado con ese revolver, acaso ¿querrá matar a su abuelita? Sí, eso es lo más seguro, de seguro se enteró que la quiere dejar fuera de la herencia, no es que yo me meta en lo que no me importa, pero siempre hay que estar bien informado. Debo de ir lo más rápido posible y advertir a la abuela, lo bueno que caperucita tomo el sendero que le dije, que de hecho es el más largo, así me dará tiempo.

El lobo llego antes que caperucita a casa de la abuela y advirtió lo que creía que caperucita pensaba hacer con ese revolver, la abuela se escondió rápidamente en el closet, el lobo se vistió con ropa de la abuela y se metió en la cama.
Caperucita llego a casa de la abuela y la encontró recostada en la cama, que en realidad era nuestro amigo lobo disfrazado
– hola abuela, ¿Cómo te pinta el día?
 – oh muy bien hijita, pero dime ¿a qué debo esta grata visita tuya?
 – bueno pues te traje unos pasteles y una botella del mejor vino y una cajetilla de cigarrillos de la marca que te gusta
– oh caperucita, eres muy amable, deja la  canasta sobre la mesa, luego comere, tendrás mucha prisa por volver a casa antes que anochezca y no quiero quitarte tiempo
– oh no abuela, también vine para preguntarte ¿es verdad que me dejaras fuera de la herencia?
– bueno hijita, así como dejarte fuera de la herencia del todo, pues no. Tu madre administrara lo que te corresponda, pensamos esto tu madre y yo, creemos que es lo más conveniente, porque seguramente te lo a gastarías todo con las putas de tus amigas.
Pero esto enfureció a caperucita que a su vez se había percatado de algo extraño con la apariencia de su abuela.
 – oye abuelita que orejas tan grandes tienes
– oh es que ayer me pico una avispa cortando flores
 – pero abuelita, que brazos tan grandes tienes
 – gracias hijita, me ejercito todos los días levantando pesas
– y esa boca abuela, que grande es
– ¿así? Bueno, pues tendré una boca muy grande, pero no ando criticando a la gente como tú, serás muy perfecta
– oye un momento, tú no eres mi abuela, eres el lobo
Caperucita saco el revólver y apunto al lobo, obligando a este a salir de la cama, alzar las patas y ponerse cerca de la pared
– conozco tu sucio plan, quieres matar a tu abuela – dijo el lobo
 – eso es algo que a ti no te importa, ahora dime donde está la vieja o aquí te mueres

En ese momento entro un leñador por la ventana diciendo – bueno, vengo a ver a qué hora salgo a escena, ya tardaron mucho – en eso el lobo aprovecho la distracción de caperucita y trato de quitarle el arma pero caperucita no se dejó, y empezaron a forcejear. De pronto salió una bala y le dio en la cabeza al leñador dejándolo muerto. El arma seguía disparándose sola por el forcejeo que tenían caperucita y el lobo, en eso la abuela salía del closet para ver qué pasaba y recibió el impacto de una bala en la pierna – mierda – grito la abuela por el dolor, caperucita le piso una pata al lobo, haciendo con esto, que el lobo soltase el arma, nuevamente le apunto y le dijo – aquí morirás, por impertinente, te dispararé directamente en tus bolas – pero como al revolver se le habían salido disparos, al querer matar al lobo ya no le quedaban balas, entonces el lobo aprovecho para romperle la botella de vino en la cabeza, dejando a caperucita inconsciente en el suelo. La amarraron con unas cuerdas y llamaron a la policía, la cual llego pronto y arrestaron a caperucita, fue condenada a 100 años en una prisión de máxima seguridad por asesinato del leñador e intento de asesinato para con su abuela y el lobo.

Y bueno en cuanto a nuestro amigo el lobo, fue nombrado héroe por toda la comunidad y la abuela lo nombro legítimo heredero de toda su fortuna, y colorín colorado este cuento ha terminado. Pero no sin antes decirles la moraleja de esta historia “no porque te digan que una persona es malvado y feroz, signifique que sea cierto, y a la persona que creas buena, no es seguro que en verdead lo sea”




Versión de Luis Angel Cobos 

miércoles, 6 de julio de 2016

" Un par de viejos calientes"












Thomas y Wilson eran dos viejos veteranos de la segunda guerra mundial, se conocieron desde niños, ambos eran de Tennessee, juntos sirvieron en Luxemburgo, siempre han sido grandes amigos. Ambos estuvieron casados, pero la esposa de Wilson era sumamente posesiva y controladora, muy celosa, y cuando se enojaba, hacia temblar hasta el mismo demonio. Wilson siempre decía que su esposa lo amenazaba, diciéndole  que hasta después de muerta regresaría de la tumba si lo veía con una mujer, Thomas era el menor de los dos, tiene 98 años de edad y Wilson 102 ¿Cómo es que han sobrevivido? Yo no lo se. Wilson era más listo, aunque eran amigos, Wilson siempre agarraba de tonto al pobre Thomas y se aprovechaba de el, para divertirse. Ahora viven en Manhattan y todos los días se sientan en el central Park a criticar a la juventud de hoy en día, como visten y su comportamiento

— ¿ya viste Thomas Esa jovencita que va ahí? Con esa minifalda que parece cinturón, si mi hermana hubiese vestido así, valla paliza que le hubiera dado papa

— Sí, recuerdo a tu hermana Wilson, las piernas más hermosas de todo Tennessee

— ¿pero que diablos quieres decir Thomas? Si mi hermana siempre uso faldas largas ¿Cómo es que le viste las piernas maldito viejo de porra? Acaso tu...

— oh no Wilson solo me imaginaba, solo imaginaba.

— pues no imagines, que aunque ya se la llevo dios, puedo matarte por imaginar. Bueno, la verdad es que la naturaleza no tardara en hacerlo por mi. ¿Oye Thomas?

— dime Wilson

— ¿y si vamos a uno de esos centros nocturnos a conquistar a una chica hermosa? Yo me siento capaz de eso, si sobreviví a la guerra ¿Qué no pueda con esto?

—  bueno, pues vamos.

Ambos salieron del Central Park y fueron al Webster Hall que es una discoteca de grandes dimensiones en la que suena el mejor techno y algo de dance. Pero al llegar ahí todo les pareció ruidoso, no se escuchaban entre ellos y mucho menos podían hablar con ninguna jovencita

— oye Wilson

— dime Thomas

— ¿no tendrán música de Benny Goodman o de Glenn Miller?  Porque si bailó esto me deshueso completo

Aquel intento de aquellos ancianos fue inutil, así que salieron de aquel lugar y se se sentaron en la banqueta, en eso a Wilson se le vino a la mente una idea

— oye Thomas

— dime Wilson

— ¿ no te gustaría tener sexo con una jovencita de 20 años, sentir de nuevo la tersa piel?

— Sí, vaya que si Wilson, la última vez que tuve sexo fue con mi difunta esposa, era como hacerle el amor a una ciruela pasa gigante con un hoyo en medio.

— pues entonces ¿que te parece si vamos en busca de una prostituta? Ya que mi mujer era un monstruo con 100 ojos que se enteraba siempre que quería echar una cana al aire. Pero ahora que esta con lucifer, puedo hacerlo, vayamos a la octava avenida a buscar a una puta joven.

— No se Wilson,  a mi ya no se me...

— ¿ya no que Thomas?

— pues ya sabes, ya no se me, pues lo que nos pasa a los viejos que a ti también de seguro te pasa, años que no tengo una erección Wilson

— oh mi ignorante amigo Thomas ¿ no conoces los avances de la ciencia? Mira esto (saca una pastilla de viagra y se la muestra a Thomas) con esto pareces un joven de 18 años, ¡QUE VIVAN LOS AVANCES CIENTIFICOS!

— tu siempre ganandome en todo Wilson

— pues claro, soy mas listo que tu.

Ambos se levantaron y  tomaron un autobús y se dirigieron a la octava avenida, al llegar ahí vieron a una linda morena de cabello rizado, parecía tener unos veinte años, aunque para nuestros viejos amigos, todas eran jovencitas. Ambos viejitos se acercaron hablar  con la morena, pero Thomas era muy tímido así que lo hizo Wilson

— hola lindura (dirigiéndose a la puta) queremos saber ¿cuanto es lo que cobras?

— me imagino que es para el cumple años de su nieto, ¿ es así?

— No lindura, es para mi amigo (señalando a Thomas) aquel pobre viejo sin esperanza y para mi.

La prostituta empezó a reír como una desquiciada, no podía creer lo que aquel anciano pasado de 100 años le estaba diciendo, reía y reía, pero se detuvo al ver la seriedad de Wilson

— ¿pero es que habla usted en serio?

— Yo nunca bromeó

— bueno, ¿quieren que los atienda juntos o separados?

— ¿juntos? Que asco, verle el pene arrugado a Thomas, no quiero imaginármelo desnudo, ha de parecer un viejo zopilote sin plumas, no señorita, uno por uno.

— de acuerdo.

Antes que algo más pasara el cielo oscureció y se abrieron las nubes de donde salió una luz y se escuchó una voz

— pero ¿Qué piensas hacer desgraciado? ¿Acaso crees que te revolcaras con una prostituta, siéndome así infiel?

Thomas se acercó corriendo a Wilson — creo es tu mujer Wilson — le dijo, de pronto apareció en medio de todos la esposa de Wilson con una gran túnica blanca, tomo a Wilson del cuello y dijo — ahora vendrás conmigo viejo decrépito — ayúdame Thomas - le gritaba Wilson a su viejo amigo, el cual se quedó inmóvil al ver aquella escena

— Lo siento Wilson pero le tengo mas miedo a tu mujer que al diablo.

Después Wilson desapareció con su esposa y el cielo volvió aclarar, al parecer Wilson yacía ya en el cielo, su mujer se lo había llevado con ella para tenerlo mejor vigilado, entonces Thomas se acercó a la prostituta

— entonces ¿cuanto cobras muñeca?

— 500 dólares

— ¿500 dólares! Has dicho? Ni que me fuera a follar a la reina Isabel

— requiere un sacrificio de mi parte.

— muy bien, te daré los 500

— ¿ y seguro que puede hacerlo? ¿Aun se le levanta?

Thomas miró al cielo y dijo

— ¡QUE VIVAN LOS AVANCES CIENTIFICOS!



Autor: Luis Angel Cobos 

martes, 5 de julio de 2016

"Un Amor Verdadero"

















Clarisa McDonald era una chica hermosa e inteligente, su familia era de buen nivel económico y buen apellido dentro de la aristocracia londinense. Era una dulce joven muy sonriente, que irradiaba felicidad y que contagiaba de optimismo a las personas que la rodeaban, muchos jóvenes caballeros ya habían intentado pedir su mano con su padre, el señor George McDonald, catalogado como un “Gentleman” un título otorgado a caballeros de exquisita elegancia y educación en Inglaterra.  Pero todos los intentos por obtener la mano de la bella Clarisa, eran un total fracaso. Aparte de su padre, ella vivía con su madre y su tío  Raúl, un  veterano de la primera guerra mundial, que había quedado un poco trastornado.

Un día Clarisa en sus muy habituales recorridos por el Hyde Park de Londres,  acompañada por su madre, se encontraban caminando muy tranquilamente, aunque pronto su madre se quedó platicando con una amiga y Clarisa se alejaba y continuaba su camino por el parque, mientras  disfrutaba del paisaje y de los bellos colores de las aves, un joven que venía corriendo, tropezó con ella, ambos quedaron en el suelo – oh señorita, tiene usted que disculpar mi torpeza – dijo este misterioso hombre mientras  la ayudaba a levantarse y ella con su mirada baja limpiaba su vestido, pero pronto dirigió su mirada al joven en cuestión, viendo a un joven de ojos verdes y un mentón prominente, y  de rubios cabellos.  

 Clarisa lo contempló con sus bellos ojos, dejando al misterioso hombre casi boquiabierto por la belleza de ella – no entiendo como un caballero tenga tanta prisa, para venir corriendo de tal manera que le pegue a todo mundo, es inaudito – respondía Clarisa con un poco de enojo en su mirada – nuevamente le pido disculpas señorita, no fue mi intención – respondió el caballero – por su acento puedo percatarme que no es usted inglés – dijo clarisa acomodándose el sombrero, a lo que el respondió – oh no señorita, soy americano,  de Dallas Texas para ser exacto,  vine a Londres por negocios,  mi nombre es  Anthony Hundson – muy bien señor Hundson es un placer conocerlo aunque fuese de esta manera tan (hace una pausa) poco,  ¿Cómo se puede decir? Poco inesperada, yo soy Clarisa McDonald – dijo ella, cuando de pronto su madre se acerca y pregunta que pasaba, clarisa le explica y le presenta a Anthony,  pero pronto el se empieza a despedir mientras a lo lejos se escucha unos silbatos de policía – bueno, fue un placer conocerlas,  señora McDonald, señorita McDonald,  espero volverla a ver, y déjeme decirle, perdonando usted y su madre mi atrevimiento, quiero decirle que usted es una mujer sin igual y goza de una radiante belleza que salta a la vista, y cuenta con unos maravillosos ojos azules, que hasta el cielo siente envidia de usted, espero volverla a ver, hasta la próxima hermosa dama – Después de haber dicho esto, se quitó el sombrero y le hizo una reverencia a Clarisa, luego echo a correr y al poco rato paso la policía corriendo hacia la dirección por donde Anthony se había esfumado – ¿lo perseguirán a el? – Le pregunto su madre a clarisa – no creo,  se ve que es todo un caballero – respondió clarisa, mientras se reflejaba en su rostro una sonrisa – ¿ahora porque tan feliz? – Le pregunto su madre – por nada madre, vallamos a casa – Después, ambas se marchaban a casa, mientras clarisa volteaba su vista al parque. 

Anthony Hundson era un joven americano que había emigrado a Inglaterra en busca de aventura, era joven y valiente, soñaba con ser escritor. Aquella tarde la policía lo seguía porque se había robado un traje, para ir presentable a una casa editorial donde presentaría su obra, pero no tenia dinero para comprarlo,  así que lo robo, pensando que con las ganancias de su primer libro regresaría a la tienda donde había Hurtado el traje y pagarlo, algo que obviamente no podía explicarle a la policía. Después de aquel breve encuentro en el parque, Anthony siguió  frecuentando el Hyde Park,  para encontrarse con clarisa. Lo cual tenía buen resultado, ya que clarisa como les mencione acostumbraba ir mucho al parque a caminar.

Varias noches Anthony le llevaba música a su amada, porque además de ser buen escritor, era un excelente  violinista, aunque el padre de Clarisa no la dejaba salir y Anthony acababa mojado, por las cubetas con agua que la madre de clarisa le echaba, pero el jamás se rindió  y se volvieron a reencontrar, pasando interminables horas platicando,  claro con la madre de clarisa presente, unas semanas después Anthony fue a visitar al padre de clarisa, para pedir el permiso de cortejarla, al cual no le quedó más que aceptar, porque su hija se miraba muy feliz desde que conoció Anthony.  Después de 3 meses de novios  el padre de clarisa platico con ella, diciéndole que por lo que sabía, Anthony no contaba con una buena capital económica o alguna posesión, no es que al señor McDonald le importase el dinero como es común en hombres de su clase, solo quería estar seguro de que su hija sabia lo que quería – no me importa que no tenga dinero, así fuera un humilde pastor,  yo estaría con el, porque lo amo padre – le decía clarisa con tanta felicidad en su rostro. 

Siendo ya novios, Anthony le confesó a clarisa que había robado  un traje aquella vez que la  conoció y por eso llevaba tanta prisa, pero que ya había pagado el traje con el dinero que había ganado escribiendo unas columnas para el periódico local – vaya ¿así que eres escritor? – Dijo clarisa a lo que el respondió – si, así es, aunque no pienso escribir por siempre simples columnas,  quiero ser un famoso escritor como julio Verne o Charles Dickens, de echo acabo de escribir un libro y busco una buena editorial, por eso vine a Londres. Clarisa y Anthony tuvieron un noviazgo feliz y tranquilo, en agosto de 1939 se casaron, en su noche de bodas Anthony le dijo a clarisa – te prometo que siempre te seré fiel y que con mis libros lograre construirte la más hermosa casa del mundo y tendremos hijos y los veremos crecer – hijos si, pero no me importa tener una enorme casa, solo estar contigo – le respondió ella.

Pero en 1939 estalló la segunda guerra mundial, y muchos jóvenes fueron reclutados, alistándose también Anthony que ya sentía a Inglaterra como su segunda patria, la despedida de clarisa y Anthony en la estación  de tren fue muy dolorosa, aquella despedida de esos miles de jóvenes entusiasmados por ir a la guerra y lograr un mundo mejor, fue muy emotiva. Después de la partida de Anthony no se supo de el en tres meses, pero después empezó a comunicarse con clarisa a través de cartas. Le contó que en poco tiempo fue ascendido  a teniente,  Y así pasaron 5 años de cartas tras cartas, pero  después clarisa no volvió a saber más de Anthony, en el transcurso de 1944 toda la familia de clarisa le aconsejaban que  siguiera con su vida, que se olvidará de Anthony porque probablemente ya estaba muerto, ya que había pasado un año sin saberse de el. Pero clarisa jamás hizo caso, su corazón le decía que Anthony seguía con vida. Muchos caballeros intentaban acercarse a clarisa para cortejarla pero ella siempre les decía – lo siento pero soy una mujer casada y mi esposo es el teniente   Anthony Hundson y lucha en el frente, y yo espero su regreso – con esto todos los hombres se alejaban de ella, un soldado luchando en  el frente era muy respetado. Todos los días clarisa compraba el periódico matutino y examinaba con detenimiento la sección  donde anunciaban los caídos en batalla, pero jamás apareció el nombre de Anthony Hundson,  lo que le daba esperanza de que su amado esposo seguía aun con vida.

En 1945,  6 años y un día, terminaba por fin la guerra con el derrocamiento de Alemania y muchos soldados volvían a casa, clarisa fue a la estación del tren, sabía que Anthony estaba vivo, un día antes había leído una lista de los soldados que regresaban a casa. Estaba asustada, se preguntaba  si lo reconocería después de 6 años de no verlo, o si llegaría trastornado como su tío Raúl. Al llegar a ala estación clarisa buscaba Anthony con desesperación, de repente logró verlo a lo lejos, si ¡era el, su gran amor!  clarisa corrió hacia el gritando su nombre y al llegar le dio un fuerte abrazo, pero este no le miraba – ¿Qué pasa Anthony, acaso no te da gusto verme? – Un soldado enfermero que se encontraba a un lado de el, dijo – disculpe señorita, pero el teniente Anthony Hundson, perdió la vista al  estallarle de cerca una Granada, no puede verla señorita, ni oírla – Oh no Anthony – dijo clarisa mientras lo abrazaba y lloraba. 

Con el tiempo Anthony se curó de la sordera, que afortunadamente fue temporal, pero jamás volvería a recuperar la vista, Anthony le  decía a clarisa que lo dejará, que así no servía para escribir y no podría mantenerla, pero ella jamás acepto, ella le decía – jamás te dejare, yo seré tus ojos y manos, tu dictaras y yo escribiré. Y así fue como lo hicieron y Anthony se convirtió en un famoso escritor, escribiendo grandes libros con la ayuda de su esposa, pero sus libros jamás fueron tan famosos como la historia de ellos, la  historia de Anthony y Clarisa Hudson, un matrimonio que conoció el amor verdadero. 


Autor: Luis Angel Cobos 





lunes, 4 de julio de 2016

El hombre que se follo un maniquí












La principal obsesión de Robert -desde que empezó a pensar en esas cosas- era poder colarse una noche en el Museo de Cera, y entonces, ponerse a hacer el amor a las señoras de cera. Sin embargo, le parecía que podía ser demasiado peligroso, así que se limitaba a hacer el amor a estatuas y maniquíes en sus fantasías sexuales, viviendo en su mundo de fantasmas. Un día, al pararse en un disco en rojo miró por la puerta de una tienda. Era una de esas tiendas que venden de todo -discos, sofás, libros, chatarra… Y la vio allí, de pie, con un largo vestido rojo. Llevaba unas gafas puntiagudas, estaba muy bien formada; con ese aire digno y sexy que solían tener. Irradiaba verdadera clase.


Entonces el disco cambió y se vio obligado a seguir la marcha. Robert aparcó el coche en la manzana siguiente y volvió andando hasta la tienda. Se paró en la puerta, entre los montones de periódicos, y la miró. Incluso sus ojos parecían reales, y la boca era muy atrayente, haciendo como un pucherito. Entró al interior y se puso a mirar los discos. Ahora estaba más cerca de ella, le lanzaba miradas furtivas de vez en cuando. No, ahora ya no las hacían así. Tenía incluso tacones altos. La chica de la tienda se acercó. - ¿Puedo ayudarle, señor? - No, gracias, sólo estoy mirando. - Si hay algo que desee, hágamelo saber. - Sí, claro. Robert se acercó con disimulo al maniquí. No había ninguna etiqueta con el precio. Se preguntó si estaría a la venta.

 Volvió al estante de los discos, cogió un álbum barato y se lo compró a la chica. En su segunda visita a la tienda, el maniquí seguía todavía allí. Robert la miró, dio unas vueltas, compró un cenicero que imitaba a una serpiente enrollada, y luego se fue. La tercera vez que fue allí le preguntó a la chica: - ¿Está el maniquí en venta? - ¿El maniquí? - Sí, el maniquí. - ¿Quiere comprarlo? - Sí. ¿Ustedes venden cosas, no? ¿Está el maniquí a la venta? - Espere un momento, señor. La chica se fue a la trastienda. Se abrió una cortina y salió un viejo judío. Le faltaban los dos últimos botones de la camisa y se le podía ver el ombligo peludo. Parecía lo suficientemente amistoso. - ¿Quiere usted el maniquí, señor? - Sí. ¿Está a la venta? - Bueno, no del todo, es una especie de instrumento de exhibición, de atracción… - Quiero comprarla. - Bueno, déjeme ver… -El viejo judío se acercó y empezó a tocar el maniquí, el vestido, los brazos-. Veamos… Creo que le puedo dejar esta… cosa… por 17,50 dólares.
 - Me la quedo. -Robert sacó un billete de 20. El dueño le devolvió el cambio. - La voy a echar de menos -dijo- algunas veces parece casi real. ¿Quiere que se la envuelva? - No. Me la llevo tal como está. Robert cogió el maniquí y la llevó hasta el coche. La tumbó en el asiento trasero. Luego montó delante y condujo hacia su casa. Cuando llegó, afortunadamente no parecía haber nadie por los alrededores, la metió en su apartamento sin ser visto. La puso de pie en el centro de la habitación y la contempló. - Stella -dijo-. ¡Stella, perra! Se acercó y le pegó una bofetada. Entonces agarró la cabeza y comenzó a besarla. Fue un buen beso. Su pene empezaba a ponerse duro cuando sonó el teléfono. - Hola -contestó. - ¿Robert? - Sí. - Soy Harry. - ¿Qué tai, Harry? - Bien. ¿Qué estás haciendo? - Nada. - Creo que me voy a pasar por allí. Llevaré algunas cervezas. - De acuerdo. Robert se levantó, cogió el maniquí y la llevó hasta el armario.

La puso apoyada en una esquina y cerró la puerta. Harry no tenía en realidad mucho que decir. Estaba allí sentado con su bote de cerveza. - ¿Cómo está Laura? -preguntó. - Oh -dijo Robert- ya no hay nada entre Laura y yo. - ¿Qué pasó? - El eterno toque de vampiresa, siempre en escena. Era inexorable. Buscando tíos donde fuese… En el supermercado, en la calle, en los cafés, en cualquier sitio y con cualquiera. Ninfómana. No importaba lo que fuese con tal de que fuese un hombre. Hasta con un tío que marcó un número equivocado. No pude aguantarlo más. - ¿Y ahora estás solo? - No, ahora estoy con otra. Brenda, ya la conoces. - Ah, sí. Brenda. Está muy bien. Harry estaba allí sentado bebiendo cerveza. Harry nunca había tenido una mujer, pero siempre estaba hablando de ellas. Había algo enfermizo en Harry. Robert no puso mucho interés en la conversación y Harry se fue pronto. Robert se dirigió hacia el armario y sacó a Stella. - ¡Tú, condenata puta! -dijo-, me has estado engañando ¿eh? Stella no contestó. Estaba allí, mirándole fría y tranquilamente. Le pegó una buena bofetada. Se podía caer el sol antes de que una mujer fuese por ahí engañando a Bob Wilkenson. Le pegó otra buena bofetada. - ¡Eres un maldito coño! Te follarías a un niño de cuatro años si le pudieses poner la pilila dura ¿eh? La abofeteó de nuevo, entonces la agarró y la besó. La besó una y otra vez. Entonces le metió las manos por debajo del vestido. Estaba bien formada, muy bien formada. Stella le recordaba a una profesora de álgebra que había tenido en bachillerato. Stella no llevaba bragas. - Grandísima puta -le dijo-. ¿Quién se llevó tus bragas? Su pene estaba en erección, apretado fuertemente contra el vientre de ella. Le subió el vestido por encima de los muslos. No había ninguna abertura. Pero Robert estaba terriblemente excitado. Metió el pene entre los muslos de Stella. Eran suaves y duros. Entonces eyaculó.

 Por un momento se sintió extremadamente ridículo, su excitación había desaparecido, pero empezó a besarla por el cuello y entonces le mordió un pecho sonriendo. La lavó con la toalla de los platos, la llevó hasta el armario y la puso detrás de un abrigo, cerró la puerta y todavía tuvo tiempo de ver en la televisión el cuarto tiempo del encuentro entre los Detroit Lions y los L. A. Rams. A medida que pasaba el tiempo, a Robert le iba agradando más. Hizo unas cuantas mejoras. Le compró a Stella muchos pares de bragas, unas ligas, medias oscuras y camisones. También le compró pendientes, y fue un choque terrible para el comprobar que su amor no tenía orejas. Le puso de todos modos los pendientes pegándolos con cinta adhesiva. No tenía orejas pero tenía muchas ventajas: no tenía que sacarla a cenar, llevarla a fiestas, a películas estúpidas; todas esas cosas que significan tanto para las mujeres de carne y hueso. Y tenían discusiones.

 Siempre había discusiones, incluso con un maniquí. Ella no podía hablar, pero él estaba seguro de que una vez le había dicho: - Eres el mejor amante de todos. Ese viejo judío era un amante estúpido. Tú eres un amante inspirado, Robert. Sí, tenía ventajas. No era como todas las otras mujeres que había conocido. Ella no tenía necesidad de hacer el amor en momentos inconvenientes. El podía elegir con tranquilidad el momento de hacerlo. Y no tenía períodos. Era una magnífica amante. Robert le cortó un poco de pelo de la cabeza y se lo pegó entre los muslos. El asunto había comenzado siendo puramente sexual, pero gradualmente se estaba enamorando de ella, podía sentir cómo ocurría. Pensó en acudir a un psiquiatra, pero decidió no hacerlo. Después de todo ¿por qué era necesario amar a un ser humano? Nunca duraba mucho. Había demasiadas diferencias entre cada individuo, y lo que empezaba siendo amor acababa casi siempre en guerra despiadada. Tampoco tenía que acostarse en la cama con Stella y escucharle hablar de todos sus antiguos amantes. De cómo Karl la tenía así de grande, pero no sabía hacerlo. Y lo bien que bailaba Louie, que podía convertir en ballet una venta de seguros. Y cómo Marty sí que sabía besar de verdad, su manera de mover la lengua. Una y otra vez, siempre así. Qué mierda. Claro que también Stella había mencionado al viejo judío, pero sólo una vez. Robert llevaba con Stella cerca de dos semanas cuando llamó Brenda. - ¿Sí, Brenda? -contestó él. - Robert, no me has llamado. - He estado terriblemente ocupado, Brenda. He sido ascendido a jefe de distrito y he tenido que arreglar cosas en la oficina. - ¿Es por eso? - Sí. - Robert, algo anda mal… - ¿Qué quieres decir? - Lo noto en tu voz. Pasa algo. ¿Qué demonios pasa, Robert? ¿Hay otra mujer? - No exactamente. - ¿Qué quieres decir con «no exactamente»? - ¡Oh, Cristo! - ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Robert, algo anda mal. Voy a ir a verte. - No pasa nada, Brenda.  - ¡Tú, hijo de mala puta, cabronazo, me estás ocultando algo! Algo se está tramando. ¡Voy a ir a verte! ¡Ahora! Brenda colgó y Robert se fue a por Stella, la cogió y la metió en el armario, bien apoyada en una esquina. Cogió el abrigo de la percha y cubrió a Stella con él. Entonces volvió a la sala y se sentó a esperar. Brenda abrió la puerta e irrumpió dentro. - Está bien. ¿Qué coño pasa? ¿Qué es lo que anda mal? - Mira, chica -dijo él-, todo va bien. Cálmate. Brenda estaba bien formada. Las tetas un poco caídas, pero tenía piernas bonitas y un buen culo. En sus ojos había siempre un aire perdido y frenético. Algunas veces, después de hacer el amor, una calma temporal podía llenarlos, pero nunca duraba. - ¡Todavía no me has besado! Robert se levantó de su silla y besó a Brenda. - ¿Cristo, qué clase de beso es ése? ¿Qué pasa? A ver, dime, ¿qué es lo que anda mal? - No es nada, nada de… - ¡Si no me lo dices, voy a gritar! - Te digo que no es nada. Brenda gritó. Se fue hasta la ventana y se puso a gritar. Se la pudo oír en todo el vecindario. Entonces paró. - ¡Por Dios, Brenda, no vuelvas a hacer eso! ¡Por favor, por favor! - ¡Lo haré otra vez! ¡Lo haré otra vez! ¡Dime qué es lo que pasa, Robert, o lo haré otra vez! - De acuerdo -dijo él-, espera. Robert se fue hasta el armario, lo abrió, le quitó el abrigo a Stella y la sacó fuera. - ¿Qué es eso? -preguntó Brenda-. ¿Qué es eso? - Un maniquí. - ¿Un maniquí? ¿Quieres decir…? - Quiero decir que estoy enamorado de ella. - ¡Dios mío! ¿Quieres decir que? ¿Esa cosa? - Sí. - ¿Amas a esa cosa más que a mí? ¿Esa pasta de celuloide o de la mierda que esté hecha? ¿Quieres decir que amas a esa cosa más que a mí? - Sí. - ¿Y es de suponer que te la llevas a la cama? ¿He de suponer que haces cosas a… con esa cosa? - Sí. - ¡Oh…! Entonces Brenda gritó de verdad. Se paró allí y se puso a gritar. Robert pensó que ese grito nunca iba a cesar. Entonces ella saltó hacia el maniquí y empezó a arañarlo y golpearlo.

 El maniquí se rompió y cayó contra la pared. Brenda se fue enfurecida, bajó a la calle, subió a su coche y arrancó salvajemente. Chocó contra el lateral de un coche aparcado, dio marcha atrás y salió otra vez a toda velocidad. Robert se acercó a Stella. La cabeza se había caído y había ido rodando hasta debajo de la silla. Había restos de material de relleno por el suelo. Un brazo colgaba perdido, roto, dos alambres sobresalían. Robert se sentó en una silla. Solamente pudo sestarse. Entonces se levanto y se fue al baño, se quedó allí de pie un minutó, atontado, salió otra vez. Se paró en medio de la sala y pudo ver la cabeza debajo de la silla. Empezó a sollozar. Era terrible, no sabía qué hacer. Recordaba cómo había enterrado a su padre y a su madre. Pero esto era diferente. Esto era diferente. Simplemente se quedó allí, de pie, en medio de la salita, sollozando y esperando. Los ojos de Stella estaban abiertos, bellos y fríos, desde debajo de la silla. Le miraban fijamente.