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jueves, 16 de junio de 2016

"La chica más hermosa del mundo"



Cass era la más joven y la más hermosa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decían que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una máquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.

Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no les sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: «No tienen agallas —decía ella—. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas… todo fachada y nada dentro…». Tenía un carácter rayano en la locura; un carácter que algunos calificaban de locura.
Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidiaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchillas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía, por el contrario, realzarla.

Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviese algo que ver con el asunto. —¿Tomas algo? —pregunté. —Claro, ¿por qué no? No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión. Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener la edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez. —¿Crees que soy bonita? —preguntó. —Sí, desde luego. Pero hay algo más… algo más que tu apariencia… —La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita? —Bonita no es la palabra, no te hace justicia.
Buscó en su bolso. Creí que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentí repugnancia y horror. Ella me miró y se echó a reír. —¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh? Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena.

 El encargado se acercó. —Mira —dijo a Cass—, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones. —¡Vete a la mierda, amigo! —dijo ella. —Será mejor que la controles —me dijo el encargado. —No te preocupes —dije yo. —Es mi nariz —dijo Cass—, puedo hacer lo que quiera con ella.
—No —dije—, a mí me duele. —¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz? —Sí, me duele, de veras. —De acuerdo, no lo volveré a hacer. Ánimo. Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual.

Quizás algún hombre, algo, acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo. Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó: —¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana? —Por la mañana —dije, y me di la vuelta. Por la mañana me levanté, hice un par de cafés y le llevé uno a la cama. Se echó a reír. —Eres el primer hombre que conozco que no ha querido hacerlo por la noche. —No hay problema —dije—. En realidad no tenemos por qué hacerlo. —No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco. Se fue al baño. Salió en seguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandecientes, toda resplandor… Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama. —Ven, amor. Fui. Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo, acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos. —¿Cómo te llamas? —pregunté. —¿Qué diablos importa? —preguntó ella.
Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entró ella con una gran hoja: una oreja de elefante. —Sabía que estabas en la bañera —dijo—, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza. Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante. —¿Cómo sabías que estaba en la bañera? —Lo sabía. Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor. Telefoneó una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza. —Esos hijos de puta —decía—, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas. —La culpa la tienes tú por aceptar la copa. —Yo creía que se interesaban por mí , no sólo por mi cuerpo. —A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.
Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el bar West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado. —Vaya, cabrón, has vuelto. Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nunca la había visto vestida así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados. —Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza… —No, no seas tonto, es la moda . —Estás chiflada. —Te he echado de menos —dijo. —¿Hay otro? —No, no hay ninguno. Sólo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis. —Sácate esos alfileres. —No, es la moda. —Me hace muy desgraciado. —¿Estás seguro? —Sí, mierda, estoy seguro. Se sacó lentamente los alfileres y los guardó en el bolso. —¿Por qué estropeas tu belleza? —pregunté—. ¿Por qué no aceptas vivir con ella sin más? —Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa. —Vale —dije—, tengo mucha suerte. —No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante. —Gracias. Tomamos otra copa. —¿Qué andas haciendo? —preguntó. —Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa. —A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta. —No creo que quisiese establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio. —Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso. Salimos juntos. Por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca.

Fuimos a casa y abrí una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil, sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa… de aquella manera con la que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quitó aquel vestido de cuello alto y lo vi… vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha. —Maldita sea, condenada, ¿qué has hecho? —dije desde la cama. —Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún? La arrastré a la cama y la besé. Me empujó y se echó a reír: —Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.
—Sí —dije—, no puedo parar de reír… Cass, zorra, te amo… deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco. Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido debajo de mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso. Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó: —¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!
Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutían ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos mucho. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como un fluir juntos sin tensión.

Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente: «No». La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui. Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fábrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End.

Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me dijo el encargado: —Siento lo de tu amiga. —¿El qué? —pregunté. —Lo siento. ¿No lo sabías? —No. —Suicidio, la enterraron ayer. —¿Enterrada? —pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro, ¿cómo podía haber muerto? —La enterraron las hermanas. —¿Un suicidio? ¿Cómo fue? —Se cortó el cuello. —Ya. Dame otro trago. Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel «no». Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años. Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé: «¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CÁLLATE YA!». Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.



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miércoles, 15 de junio de 2016

" Una cerveza en el infierno: El regreso de Billy Owens"




En esta vida hay veces que nos podemos salir con la nuestra, inclusive hasta al mismo diablo es posible engañarlo, es lo que descubrimos en el relato de “ El diablo y el vaquero” donde Billy Owens un apuesto y valiente vaquero había competido con el diablo para ver quien era el mejor, dejándolo una noche abandonado en un bar mientras Billy se marchaba con dos hermosas chicas y el dinero que se habían ganado Billy y el diablo en una competencia de jaripeo. Pero nos preguntamos ¿que paso después? ¿En verdad Billy Owens le ganó al amo de las tinieblas? E aquí lo acontecido después.

Era una mañana hermosa de abril en Kansas City,  la gente era  feliz, la ciudad se encontraba tranquila y  Serena, después de un par de meses malos a consecuencia de la furia de satanás. Estaba como loco y furioso buscando por todas partes a Billy Owens,  aquel vaquero que le había visto la cara de pendejo - un sucio mortal, no era nada más que eso – pensaba el diablo, pero ¿Cómo era posible que el diablo, un ser omnipresente,  no podía encontrar por ningún lado a un humano, y sobre todo tan famoso como Billy,  “el vaquero que burló al diablo” así era llamado. Despues de días de extenuante búsqueda, el diablo se dio por vencido y regreso al infierno.

Un domingo, varios  feligreses se dirigían a una iglesia a las afueras de Georgia, una pequeña iglesia donde al parecer la fe había aumentado, sobre todo por las jóvenes del estado que no se perdían ni una sola misa – ¿ ya viste al monaguillo? ¡Esta guapísimo! – Se decían entre chicas mientras el padre presidiaba la misa – tiene unos brazos hermosos, mataría por estar entre los brazos  de ese fuerte monaguillo – decían las jóvenes chicas feligreses, estando dentro de una iglesia y pensando en el pecado ¡ Pues mire! El monaguillo no era ni más ni menos que “el vaquero que burló al diablo”  Billy Owens,  que de alguna manera, la cual no sabemos aun, logró meterse a servir a la iglesia, vestía con los acostumbrados atuendos de un monaguillo,  claro sin quitarse las botas ni el sombrero. Con razón el diablo no lo encontraba, el diablo jamás entraría a una iglesia, por eso Billy se había refugiado ahí. Pero no tardo en ser echado por el padre ya que sedujo a la madre Aurora, una joven monja que había llegado a servir a esa iglesia – te pudrirás en el infierno por follar con la hermana aurora – le dijo el sacerdote mientras Billy salía de la iglesia.

Billy caminaba por toda orilla de carretera hacia Kansas City,  mientras en el infierno el olfato del diablo detectaba un aroma de Colonia muy varonil – desde aquí puedo oler la mierda – dijo el diablo, las llamas del infierno se intensificaron, el diablo se levanto de su trono,  los demás demonios estaban asustados al ver a su amo, como en su rostro se reflejaba una mirada de odio y furia total. Billy bajaba de un auto al cual le pidió que lo llevará cerca de Kansas, al llegar casi al pueblo el cielo se empezó a oscurecer,  y un fuerte y frío viento sacudía a todo los árboles cercanos – mierda, ahí viene – dijo Billy, sospechando quien estaba por aparecerse, y si, estaba en lo correcto,  apareció un enorme remolino de fuego y de ahí salía el diablo, el amo de las tinieblas y la maldad, lucifer, belcebú, satanás, como quieran llamarle, venia furioso.

Quedaron frente a frente, a un metro de distancia – vaya, vaya, nos volvemos a encontrar Billy Owens – dijo el diablo – ¿Qué tal viejo, como estas? – Respondió Billy muy serenamente
 – no muy bien, anhelando que aparecieras,  con mucha ansiedad de verte
 – vaya,  eso me halaga viejo.
– pues que no te halague mucho Billy,  porque vengo acabar contigo, te haré sufrir, te haré pedir clemencia
 – mira viejo, si aun estas molesto por el dinero, no fue mi intención, pensé que no te importaba ¿a ti de que te sirve el dinero? Pero si quieres te puedo dar esta silla de montar que me acabo de comprar con el dinero de las limosnas, quiero decir, con el dinero que gane trabajando arduamente, vamos acepta y tan amigos como antes
 – ¿amigos? ¡Amigos mis huevos!,  ahora si ya te cargo la chingada. Pero te dejare pedir tu ultimo deseo, dime ¿Qué quieres?. Billy encendió un cigarrillo,  echo una bocanada de humo y respondió
 – que tal ¿una cerveza?
 – Pues será una cerveza en el infierno, porque tu vienes conmigo
Después de haber dicho esto el diablo empezó a reír y nuevamente apareció un remolino de fuego el cual rodeo a los dos y los transportó al infierno, en donde todos los demonios se acercaban a Billy Owens para admirarlo de cerca,  quería conocer al que sacaba de sus casillas a su amo, también aparecieron varias diablas muy sexys atraídas por Billy – vaya, veo que aquí no te la pasas del todo mal, y ¿aun así te enojaste por llevarme a las dos chicas? Que absurdo – dijo Billy,  el diablo le destapó una cerveza,  Billy bebió un trago, la cual estaba muy caliente – esto esta hirviendo – dijo Billy – ¿Qué esperabas? Esto es el infierno imbécil, aquí no hay hielos – respondió el diablo y empezó a reír y añadió – la venganza es dulce – Después le voto un revolver a Billy – lo haremos a tu estilo – dijo el diablo – este será un duelo como en el viejo oeste – todos los demonios retrocedieron, el diablo se vistió de vaquero con un chasquido, Billy y el diablo quedaron nuevamente frente a frente – esto no es necesario, acepta la silla de montar y si quieres también te doy mis botas – dijo Billy desde los 4 metros de distancia que se encontraba del diablo – vaya, acaso te estás acaparando, ¡marica! – Respondió el diablo, Billy recogió el arma – yo soy Billy Owens y no soy ningún marica – casi al acabar de decir esto, el arma le fue arrebatada de un disparo que el diablo había echo – eso es trampa, no me dejaste que me preparará – dijo Billy a lo que el diablo respondió riendo -soy el diablo pedazo de bestia, jamás juego limpio – Después el diablo le disparó en una pierna a Billy,  el cual cayó, pero se levanto y quedo de rodillas – así, te quería ver, ahora el final – el diablo volvió a disparar.

Pero de repente la bala quedo detenida a unos dos centímetros de la frente de Bill,  dejando al diablo desconcertado – ¿Qué maldición pasa? – Dijo el diablo, Alrededor de Billy apareció una luz celestial y se escuchó una fuerte y poderosa voz – basta, no le harás daño a Billy Owens – la voz era de dios, En ese momento en medio de ellos  apareció un simpático anciano de cabello canoso y elegante traje blanco y unas botas con punta de plata, todos los demonios huyeron a esconderse, era DIOS EL TODOPODEROSO, destellaba una increíble luz celestial,  la cual molestaba al diablo – Billy Owens es mío, tu no te metas – le dijo el diablo a dios,  dios señaló a la pierna de Billy y al instante quedo curada, volvió su mirada al diablo - yo soy DIOS pedazo de bestia y puedo hacer lo que quiera y meterme donde quiera, además cualquier persona que le joda la vida al diablo, es mi amigo, este chico me a echo reír interminables ocasiones, así que me lo llevo conmigo – ¡No! No lo permitiré – grito el diablo y se abalanzo contra Dios, lo cual fue impedido por una poderosa barrera de luz celestial que cubría a Dios y a Billy,  y ambos se empezaron a elevar – trágate eso diablo tonto – dijo Billy,  mientras se elevaba con Dios, y le aventó una bota al diablo, la cual dio con exactitud en su cara – jajaja, volviste a perder – dijo Billy  - maldito seas Billy Owens – grito el diablo, Billy le respondió con una seña obscena, enseñándole el dedo medio.

Después Dios y Billy Owens aparecieron en Kansas City – gracias Dios por sacarme de ese problema – dijo Billy a lo que Dios respondió – te observó Billy,  observó a todo el mundo, todas las personas creen que los olvido, que no me importan, pero yo siempre estoy ahí, al que pone fe en mi, jamás perecerá, solo veo hasta donde aguantan, pero siempre les brindó apoyo al final, siempre cuidaré a la humanidad si tiene fe en mi, eres un buen muchacho Billy Owens,  solo ya no tomes tanto ¿Qué piensas acabarte toda la cerveza del mundo? Y luego las mujeres, ¿porque tantas mujeres? Y luego la hermana Aurora. Búscate una buena esposa y sienta cabeza, ahora vete hijo mío y se feliz – Billy beso su mano, claro Dios, Billy se ponía en marcha camino a su casa ¿Por cierto,  luego vemos como me devuelves el dinero de las limosnas – le dijo Dios a Billy el cual trago saliva y dijo – ¿las limosnas?



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domingo, 12 de junio de 2016

" El súper policía y el súper ladrón"




Frank Jackson era un policía de Brooklyn, un tipo de cuerpo atlético, cabello rubio con ojos azules y bien parecido, su padre había sido policía y conoció a su madre en la estación de policía porque también fue policía, su abuelo también fue policía, y sus tíos también fueron policía, y su bisabuelo que le faltaba una pierna también había sido policía, en resumen Frank provenía de una prestigiosa familia de policía, así que tenía mucho que demostrar, nunca le gustaba perder tiempo en las cafeterías comiendo donas como otros policías hacen, él siempre estaba en la calle, siempre atento de todo lo que pasaba, le gustaba ver la acción de cerca, ser el primero en llegar y atrapar a los ladrones, en una semana había hecho 70 detenciones, asaltadores de bancos, estafadores, vendedores de droga, no había ningún ladrón que se le escapara, había recibido varias medallas y era admirado por la gente del vecindario, para Frank Jackson no existía ningún malhechor que se le fuera de las manos, hasta que un día conoció a uno.

George Clarence, era un ladrón de raza negra, ya saben afroamericano, condición atlética y bien parecido, un negro simpático, que había nacido y crecido en el barrio del Bronx, y que después se mudaría a Brooklyn, su padre había sido ladrón y conoció a su madre en la comisaría, porque también fue ladrona, su abuelo también fue ladrón y su bisabuelo que tenía un parche en el ojo, también fue un ladrón, en resumen George provenía de una muy conocida familia de ladrones, y tenía mucho que demostrar, era el mejor abriendo cajas fuertes, y era un excelente corredor, su especialidad era en las calles, le quitaba su bolso a mujeres y echaba a correr y nadie lo podía detener, era muy famoso, había recibido muchas felicitaciones de su familia, por siempre llevar el pan a la mesa, aunque no era de la mejor manera claro, para George Clarence no existía ningún policía que le diera batalla, hasta que un día conoció a uno.

Era un hermoso día de abril del año 1958, Frank salía de su casa despidiéndose con un tierno beso de su esposa mientras ella le daba una bolsa de papel con su lonche. En las calles de Brooklyn se respiraba seguridad, Frank Jackson patrullaba las calles dando así, seguridad a los ciudadanos, ese mismo día George Clarence salía de su casa despidiéndose de su esposa dándole un tierno beso mientras ella le daba una bolsa de papel con su lonche, por la avenida principal Frank contemplaba la tierna imagen de una viejecita comprando un poco de fruta, desde la otra acera George también miraba a la misma anciana listo para entrar en acción, mientras comía unas manzanas que su esposa le había dado de lonche, no había visto la patrulla porque era tapada por un gran camión de mudanza, la anciana pagaba la fruta al comerciante y guardaba el cambio en su bolso cuando de repente de un fuerte tirón se lo desprendió George y echo a correr – auxilio, auxilio – gritaba la anciana, Frank desde su patrulla donde comía una torta de jamón que su esposa le había preparado, alcanzó a oír a la dulce anciana pidiendo auxilio y logró ver de lejos a George corriendo con el bolso – otro ladrón más a mi patrulla, creo romperé el record – dijo Frank mientras encendía la sirena y ponía en marcha la patrulla.

George se metió rápidamente en un callejón muy estrecho para perder al policía que no podía entrar con su patrulla, casi siempre esa era su estrategia, Frank salió de la patrulla y echo a correr tras él. Frank corría y corría y corría, ya estaba a unos dos metros de George – alto en nombre de la ley – gritaba Frank – que te JODAN maldito policía – respondió George mientras seguía corriendo, Frank continuo detrás de George sin parar, atravesaron todo Queens y pronto salían de Brooklyn, cruzaron el puente que atraviesa al Bronx, era el territorio que mejor conocía George – aquí lo perderé, conozco todo esto como la palma de mi mano – pensaba George, pero a Frank no se le había escapado ningún ladrón, así que no se rendiría tan fácilmente, y siguieron corriendo hasta tomar la estatal y llegar a Port Chester, donde los dos cansados ya no aguantaban los pies – espera, espera – le grito Frank a George el cual se detuvo, manteniéndose a 5 metros de distancia de Frank – descansemos un rato – dijo Frank muy agitado – de acuerdo – respondió George mientras intentaba recuperar la respiración. Después de estar descansados Frank le dijo a George – mira amigo esto es estúpido, no podemos seguir persiguiéndonos, lo que haces está mal, entrégate y haré que no te den una sentencia tan dura – que te JODAN maldito policía blanco, con tu placa me rasco mi negro trasero – respondió George – no me dejas otra opción que detenerte – dijo Frank – si me atrapas – respondió George echando a correr de nuevo y Frank tras el – alto en nombre de la ley maldita rata de alcantarilla – gritaba Frank – ¡bésame el trasero! – Respondía George, siguieron corriendo hasta llegar a New Heven y luego entrar al estado de Massachusetts.

Al llegar a Vermont se detuvieron nuevamente a descansar, George se metió a un bar a tomarse una cerveza con el dinero que le había quitado a la anciana. Como Frank también quería descansar no se metió al bar, para no ahuyentar a George y fue a la tienda de malteadas que estaba a lado del bar, para dar tiempo ambos de recuperar el aliento y pidió una banana Split y una malteada de fresa, porque Frank no tomaba alcohol en sus horas de servicio, Frank se comía su banana Split pero mirando por la ventana que no se escapara George, que a su vez seguía en el bar descansando tomándose su cerveza, le preguntó al barman que si tenía otra puerta por donde pudiera salir, el barman lo llevo a otra puerta, George le agradeció dándole 10 dólares de propina, al salir por esa segunda puerta se dio cuenta que estaba a un costado de la ventana de la tienda de malteadas, viéndolo así Frank el cual salió tras el – estúpido barman – pensaba George mientras corría, y así siguieron su camino.

Nunca pararon de correr, cuando tenía que parar a comer, comían tomando su distancia, en cuanto George echaba a correr Frank iba tras él, cuando tenían que dormir, dormían a lado de la carretera, en cuanto se despertaba George y echaba a correr, con un instinto inexplicable Frank se despertaba en ese mismo momento y corría tras él. Así pasaron toda su vida, era tanto su orgullo de George de ser un gran ladrón que jamás se entregó y era a su vez también tanto el orgullo de Frank de ser el mejor policía, que jamás se rindió.

 Los últimos años de sus vidas los vieron correr uno tras el otro por Canadá, yo no sé cuál fue el final de aquellos dos tipos. Hay dos versiones, unos dicen que aún viven y que George corre en bastón mientras Frank va detrás de él en su silla de ruedas, que han logrado vivir tanto por la gran condición que hicieron tras años de mucho correr, otros dicen que ya murieron y fueron enterrados en algún lugar de Alaska, los enterraron a 5 metros de distancia uno del otro, dando así la oportunidad que siguieran su carrera en el otro mundo haber quien ganaba. Yo no sé qué versión sea verdad, lo que si es cierto es que en este mundo jamás volverá a existir un súper policía como Frank Jackson, siempre dentro de la ley, incorruptible y muy honrado. Y que tampoco volverá existir otro súper ladrón como George Clarence, tan rápido, tan audaz. Ambos llevaron con orgullo sus profesiones.



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sábado, 11 de junio de 2016

"El Gallo cantante"

Sábado por la noche, me encontraba en casa de un amigo el cual estaba ofreciendo una fiesta para los compañeros de la oficina, yo tomaba tequila y platicaba con Wendy, una linda compañera de trabajo que me gustaba mucho, era una increíble noche, pero pasada la media noche ya me sentía un poco  tomado – bueno paco, yo me tengo que ir, estoy cansado – le dije a mi amigo mientras me despedía, me despedí también de Wendy.  salí de la fiesta y caminaba en dirección a mi casa, pare en una esquina y me encendí un cigarrillo, echando increíbles bocanadas de humo en forma de círculos. De pronto alguien dijo – he amigo, ¿ me regalas una fumada? – Voltee y no vi a nadie, pero volví a escuchar la voz – he amigo, aquí abajo – Era un gallo, casi me trago el cigarrillo por la fuerte impresión que me lleve – pero que carajo, que me trague tierra,  no puedo creerlo, ¡un gallo que fuma! – me dije a mi mismo, después de unos minutos agregue – y también habla.

Después el gallo medio unos picotazos – ¿me compartirás de tu cigarrillo   o que mierda? – Me dijo muy insistente, no podía creer que un gallo hablará – seguro es por el tequila, sabía que no debía tomar tanto – pensaba, puse el cigarrillo en su pico y empezó a fumar, ¡era increíble! - ¿Cómo es que puedes hablar? – Le pregunte, tiro la cola del cigarrillo y lo piso con la pata y me dijo
– no siempre fui gallo, antes era humano, mi nombre es Billy, fui un excelente cantante que iniciaba mi carrera musical,  Pero me case con una fan que resultó ser una bruja, literalmente hablando, una vez me descubrió en la cama con otra fan y me convirtió en gallo la maldita zorra
 – que te JODAN, no te creo nada
– muy bien, te lo demostrare
Empezó a cantar That's  life, casi me quedo congelado al escucharle, tenía una voz muy parecida a la de Frank Sinatra – puedo hacer mucho dinero con el – pensé, mire a todos lados para ver si alguien nos miraba – ¿Por qué no vienes conmigo? Tengo cerveza en mi casa y maíz – le dije, – de acuerdo – contesto, y marchamos a mi casa.Una vez en casa le propuse que cantará en lugares públicos, y para que la gente no se espantara,  se pusiera en mis piernas, y yo diría que era ventrílocuo, así que acepto.


Nos presentamos en el teatro de la ciudad, donde tuvimos un gran exito, todos pensaban que yo era el cantante – deja al gallo y graba un disco tu – me decían muchos, yo les respondía que solo me gustaba cantar a través de mi gallo, en un mes ya éramos un éxito, decían que yo era un excelente ventrílocuo, que podían jurar que la voz si parecía provenir del gallo, además que era una increíble voz, nos presentábamos dos veces por semana en las vegas, me estaba haciendo millonario. Éramos tan famosos que ya salíamos en casi todas las ediciones del new york times, al gallo  Billy,  le compraba el mejor maíz, su cajetilla de cigarrillos, una botella de whisky, tomaba mucho el desgraciado y le conseguía de vez en cuando una buena gallina, llevábamos una vida muy tranquila, hasta que un día después de un show al llegar al cuarto del hotel donde nos hospedábamos, una mujer esperaba, Billy empezó aletear muy asustado al verla – ¿usted quien es? – Le pregunte – mi nombre es Alicia y ese gallo es mi marido – respondió, era la bruja de su esposa, literalmente hablando – ¿y que carajo quiere? – Le pregunte, ella se me acerco, Billy se escondía detrás de mis pies

– el fin de convertir a mi marido en gallo, fue con la idea de joderle la vida, ahora me entero que es un famoso cantante a través de usted, y que se folla gallinas, ya me era infiel pero ahora ¿con gallinas? Eso es humillante
 – ellas no me amarran a la cama o me obligan a vestirme de bufón – dijo Billy desde detrás de mi. Con voz cortante y nerviosa.
– Acabare contigo, estúpido gallo – dijo la bruja,
Yo cargue a Billy – no permitiré que le haga daño ahora que soy rico, quiero decir, ahora que lo estimo – ella me miró furiosa – siendo así Acabare con ambos – Después de haber dicho esto saco su varita mágica y disparo un rayo contra nosotros, después de un rato abrí los ojos, estaba aturdido y con un fuerte dolor de cabeza, me encontraba tirado en la calle, Billy y la bruja no estaban por ningún lado, jamás los volví a ver, mucho después me enteraria  que la bruja le quito el habla a Billy y lo vendió a un restaurante, donde lo hicieron pollo al whisky ,que ironía, - pobre Billy – pensaba yo, decidí caminar hacia el aeropuerto para volver a mi casa, vi aun sujeto que fumaba un cigarro – ¿amigo, me regalas una fumada? – Le dije, el sujeto volteo a verme y echo a correr como un desesperado mientras gritaba – ¡UN CABALLO QUE HABLA!




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jueves, 9 de junio de 2016

Dolce Amore - capítulo primero.




                       Capítulo 1



Corría el año de 1921 y  Fue establecida por la Enmienda XVIII a la Constitución de los Estados Unidos la prohibición de vender bebidas alcohólicas, así que en ciudades como chicago fue la oportunidad para la mafia italiana hacerse de dinero, y en muchos bares o restaurantes vendían vinos y licores clandestinamente apoyados y protegidos por la mafia. En la década de los años 20 en los puertos de new york,  llegaban emigrantes de varias partes del mundo. Y en el año 1928 en una embarcación que provenía desde Italia llegaba un joven llamado Vito Angelini, con la gran esperanza de poder salir adelante en la vida y olvidarse de las cosas infernales que vivía en Sicilia, su ciudad de origen.

No contaba con ninguna capital económica, solo tenía unos pocos dólares, llevaba con el solo dos mudas de ropa, una en su maleta y  la que traía puesta, un traje negro gastado y una vieja boina que su abuelo le había regalado. Caminaba por el muelle, mirando a lo lejos la gran ciudad de new york, entusiasmado por estar en el país de las oportunidades ya que en su tierra natal Sicilia, se decía que si un hombre quería volverse millonario debería emigrar américa. Muy pronto callo la noche y el frío invadía las calles de la gran ciudad, así que vito entró a un pequeño bar-comedor situado a unas calles del muelle.
Se acercó a la camarera – buenas noches, ¿tendrá algo de comer? - sólo tengo sopa de tomate, pero primero de ves ordenar algo de tomar – respondió la camarera con un tono pesado.
 (Vito) – bueno, puede traerme una botella de vino por favor
 (Camarera) – No tengo vino, sólo whisky y coñac
(Vito) – bueno entonces deme un whisky con soda
 la camarera le sirvió un trago y fue a la cocina por un plato de sopa de tomate, adentro del bar hacía mucho frío, hasta se podía ver el aliento de las personas al hablar.

La camarera se acercó y sirvió la sopa…
(Vito) ¿Algún lugar que conozca donde pueda hospedarme?
 (Camarera) a unas calles de aquí hay un señor llamado Frank el renta departamentos, no son nada lujosos pero ayudan a dormir y protegerse de las frías noches
 (Vito) me parece bien, ¿me puede dar bien la dirección para ir a ver?... La camarera anotó en una servilleta la dirección y se la dio. Vito salió de aquel lugar después de a ver cenado.

La noche era muy fría, su equipaje le pesaba por el cansancio, y los pies le empezaban a doler ya que las suelas de sus zapatos ya estaban demasiado gastadas. Pronto llegó a la dirección que se le había indicado, el lugar en donde se hospedaría
 – Disculpe, buscó al señor Frank – preguntando a un señor que estaba frente al edificio sacando la basura – pues yo soy Frank –   dijo el sujeto.
 (Vito) – Buscó un departamento.
(Frank) – si claro, tengo uno muy económico con agua caliente, está disponible por sólo 70 dólares a la semana
(Vito) – ¿qué? ¿70 dólares ha dicho? ¡Eso es un robo!
(Frank) – mire buen hombre, este es un barrio peligroso, andan muchos mafiosos por aquí y gente mala, de echó el departamento que le estoy ofreciendo, lo tengo disponible porque el sujeto que lo ocupaba lo acaban de asesinar ayer, creó andaba en malos pasos, no son tiempos muy seguros. Así que tómelo o déjelo
 (Vito) – muy bien, me quedó con él.

VITO:
Subí a la habitación, era algo sencilla, tenía una ventana que daba hacia un callejón, así que no me ofrecía un gran paisaje. Tenía un viejo colchón y una pequeña cocina, eso me servirá mientras encuentro trabajo y buscó algo decente. No tarde en recostarme, sentía cansancio por el viaje y mañana sería el día donde todo empezaría para mí. Buscar un empleo y salir adelante.
A vito le interesaba pronto encontrar un trabajo y empezar una vida decente, no quería recordar para nada, su vida pasada en su tierra natal, recuerdos que lo torturaban y que quería dejarlos enterrados fuese como fuese.

Al día siguiente se levantó muy de mañana, vestido con los mismos atuendos y sin desayunar, salió en busca de trabajo, primero fue a los muelles y por más que rogó por una oportunidad no conseguía trabajo, ya que por ser italiano lo creían un ladrón o un mafioso queriéndose infiltrar entre los muelles para saber así como operaba todo, pero lo que vito quería era sólo un trabajo y así poder comprarse algo de comer, ya que el medio día había caído pronto y su estómago ya le pedía alimento urgentemente. Caminaba por calles, bulevares, pidiendo sólo una oportunidad, pero nadie quería ayudarlo. Toda la gente lo miraba por encima del hombro, cuando notaban rápidamente su acento italiano. A lo lejos vio a un niño que estaba apuntó de tirar una rebanada de pizza a la basura, corrió hacia el pequeño y alcanzó a tomar la rebanada antes que callera al depósito, lo metió a su boca y suavemente lo masticaba sintiendo que comía un rico y exquisito manjar digno de un rey… lo que hace el hambre… pensó el mientras esa rebanada de pizza recorría su garganta.

En una ferretería vio un cartel donde se solicitaba un ayudante, así que entro y hablo con el encargado, era un hombre de largas barbas, aunque a vito le impresiono al verle de cerca, tenía moretones en el rostro y estaba vendado de la cabeza - ¿Por qué estará así? – se preguntaba vito. Como lo habían rechazado en lugares anteriores por ser italiano, intento disimular su acento, pero fue algo bastante difícil. Así que al final el encargado de la ferretería se dio cuenta que era italiano, y lo correo del lugar. Una noche antes unos italianos que pertenecían a la mafia fueron a visitarlo, lo extorsionaron sin darle muchas facilidades al pobre comerciante, como no tuvo para la cuota que le pedían, lo golpearon brutalmente. Y al ver a vito y reconocerlo que era italiano, sintió tanto miedo que le negó nuevamente el trabajo. Vito salió muy decepcionado de ahí, caminaba por las oscuras calles mientras meditaba.

Vito: mi primer día en este país y no empieza siendo lo que yo esperaba, se me está poniendo difícil el inició de esta nueva vida, valla vida. Creo que un perro de la calle esta mejor que yo. Pero no me daré por vencido, le hice una promesa a mi viejo que yo me haría un hombre de bien y lo conseguiré.

A pasado una semana y vito no puede conseguir trabajo, ya le debe al sr Frank la primera semana de renta, empieza a desesperarse por no poder conseguir algo, ya ha perdido unos kilos por no comer. Camina nuevamente por los muelles, cerca de él se estaciona un hermoso Ford plateado y del auto salió un señor alto y de unos 40 años, llevaba en su mano un maletín plateado y se dirigía a unos de los almacenes, de pronto un sujeto tira de su maletín y echa a correr – he ladrón hijo de perra, alguien haga algo – grita el hombre mientras mira a todos lados, vito no lo piensa dos veces y echa a correr tras el tipo, lo persigue muy de cerca, el ladrón se mete por un callejón y va aventando botes de basura a su paso, pero vito muy ágilmente los va esquivando. Ya estando cerca de aquel sujeto, vito salta y logra taclearlo – lo siento amigo pero lo que haces no está bien – dice vito, mientras se pone por encima de él y de un puñetazo logra noquearlo, le quita el maletín y regresa a donde su dueño se encontraba.

(Vito) – Tome esto es suyo…  el hombre se presenta, se llama Lucas Brandom
(Don Lucas) – he chico, eres bueno, no sé cómo agradecerte, ese mal nacido se hubiese llevado una buena pasta si no hubiera sido por tu ayuda. Soy el dueño de este almacén y de una línea de súper mercados, casi siempre ando cargado de dinero así que necesitó andar acompañado de un guarda espaldas, tengo a ruso conmigo, es mi hombre de confianza, pero ahora lo he mandado a checar unos asuntos fuera de la ciudad  y por eso no pudo estar aquí para ayudarme. Eres fuerte y muy ágil. Puedes trabajar para mí, quitarme algunos cuantos vagos de encima, no tienes que usar ni las manos como ahorita, portarías un arma y solo con mostrarla ahuyentaras a cualquiera ¿vamos que dices?
(Vito) – muchas gracias, pero no quiero tener nada que ver con armas de fuego.
(Don Lucas) – ¿estás seguro muchacho? Conmigo ganarías muy bien y podrías comprarte algo de buena ropa, que se ve que buena falta te hace.  Vamos acepta, de verdad que lo que has echó por mi merece gratitud.
(Vito) – gracias, pero le repito, no me interesa ser guarda espaldas de nadie, aunque si necesitó de un trabajo y ya que dice que es dueño de unos súper mercados, a lo mejor pueda darme trabajo
(Don Lucas) – claro chico por eso no te preocupes, te daré trabajo y deja darte algo de ropa, para que te quites esa que tienes con tanto hoyo, y un buen sombreo y te quites esa vieja boina.
(Vito) – le agradezco su amabilidad pero esta boina no la cambio por nada.
(Don Lucas) – muy bien muchacho, pues aquí esta… le extiende una tarjeta… toma, esta es mi dirección de mi oficina, date una vuelta mañana y te conseguiré algo, por cierto, ¿Cuál es tu nombre?
(Vito) – me llamó vito, vito Angelini.
(Don Lucas) – bien vito, pues te espero pronto por la oficina.
(Vito) – claro señor, grazie.
Don Lucas se metió en su auto y se fue de ahí. Vito miro la tarjeta pero como aun no conocía bien la ciudad no sabía dónde se encontraba la ubicación de la oficina, se acercó a un barrendero que se hallaba ahí recolectando la basura, y le pregunto cómo llegar a la dirección que en la tarjeta se indicaba. El barrendero le explico con detalle hasta que a vito le quedo todo claro – grazie buen hombre – le dijo al barrendero y lo dejo continuar con su trabajo.

Vito  se alegró, ya que vio que pronto tendría trabajo. Pensó ir por algo de comer pero recordó que no tenía dinero, decidió mejor dar una vuelta para conocer mejor la ciudad, pero su estómago le pedía comida urgentemente, no había comido nada desde el pedazo de pizza que pudo rescatar. Era ya la hora pico, la hora donde muchos empleados salían a comer. Paso por un pequeño restaurant llamado “mama mía” de donde salía un agradable aroma a pan recién horneado, había unas cuantas mesas a fuera, muy pronto se percató que muchas de las personas que ahí comían, dejaban comida en los platos, muchos de los clientes, por la prisa de regresar a sus trabajos, dejaban pagado sin esperar el cambio, poniendo solamente la cantidad exacta de dinero para cubrir la cuenta – ahorita que se levante una de esas personas, me sentare y comeré lo que dejo, al fin que ya dejaron pagado – pensaba vito mientras observaba del otro lado de la acera. Continuo ahí por dos horas, cuando vio que  una pareja se levantó y dejaban el dinero para que lo tomara el mesero y se fueron de nuevo a sus trabajos. Dejaron comida en sus platos, muy cautelosamente vito se acercó y miro a todos lados para asegurarse que nadie se percatara de lo que estaba haciendo.  Una vez seguro, se sentó. Pero antes que pudiera probar un bocado, llego un mesero, levanto los platos y limpio la mesa – en un momento le atienden señor –le dijo el mesero a vito, minutos más tarde Salió una mesera, era una linda chica de ojos verdes y pelo castaño, y hermosa figura –  ¿Qué vas a ordenar? Preguntó la mesera
(Vito) – la verdad es que, yo, es que yo no traigo dinero, pero podría lavar algunos platos o ayudarte con la limpieza  (mesera) – mira porque no vas a la parte de atrás y me esperas, tienes cara de no haber comido en días – vito se levantó y fue hacia la parte trasera del restaurant y espero, después de 15 minutos salió la chica con un plato de espagueti con albóndigas.
(Mesera) – mira te pude conseguir esto y esta botella de vino, está a la mitad porque era de un cliente, pero dejó esto
(Vito) – grazie pero no tengo como pagártelo. Y de verdad meda  mucha pena este lindo gesto que tienes conmigo.
    (Mesera) – no te preocupes, algún día me invitarás a mí, y por cierto me llamo Fiorella Bonatti. (También era italiana)
 (Vito) – yo me llamó vito, y otra vez gracias.
(Fiorella) – y dime, ¿de qué parte de Italia vienés?
(Vito) – soy de Sicilia, no hace mucho que llegue América ¿y tú?
   (Fiorella) – yo soy de Palermo y ya tengo un año viviendo aquí, vine sola con mi abuela.
Vito no pudo evitar el recuerdo de él y su abuelo, seguía escuchando a Fiorella mientras comía como si lo hubieran tenido enjaulado por años.
(Fiorella) – bueno, debo dejarte, tengo que seguir trabajando, esperó verte pronto, cuídate vito.
(Vito) – claro, y de verdad muchas gracias por la comida.
(Fiorella) – No te preocupes, no es nada – respondió ella con una linda sonrisa.
Fiorella se metió de nuevo al restaurant mientras vito terminaba de comer…que linda chica y que amable… pensaba vito mientras tomaba su último trago de vino.

Vito: he quedado satisfecho, y es mejor ir a casa ya que parece que quiere llover, mañana iré a buscar a don Lucas para ver lo del trabajo y también debo decirle a Frank que me espere con la renta, que ya conseguí trabajo para pagarle. Vaya de verdad la chica del restaurant calmó el hambre que tenía, tal vez más adelante le pueda devolver el favor si llegó a pasar por aquí de nuevo.

Vito se dirigió a su apartamento llegada la noche, caminaba contento, con el estómago lleno, un policía fumaba un cigarrillo - ¿me puede convidar de su cigarrillo? – Le dijo vito al policía – toma acábatelo - le  respondió, vito tomo el cigarrillo, le agradeció y continuo su camino. Llego por fin  a su apartamento, se quitó su ropa, se metió a bañar y después se acostó en su cama, esperando a que pronto amaneciera, ya que intuía que el día siguiente sería. Para él.....

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lunes, 6 de junio de 2016

"mi sexy bella genio"

Trabajando en una construcción de un lujoso hotel en Acapulco, me encontraba manejando la excavadora, eran el medio día y el sol estaba en todo su apogeo,  de pronto a lo lejos vi algo que brillaba sobre la tierra ante los rayos del sol – quizá sea un Diamante – pensé, mire a todos mis compañeros para ver si alguien se había percatado de ese extraño objeto, baje de la maquina de una forma que no levantará sospecha. Baje por el enorme hueco que había hecho con la maquina y mire que el extraño objeto, se trataba de una vieja  lámpara de aceite, ya saben como en la película de Aladino,  ¡total decepción! Yo pensé que era un Diamante o algo parecido, pero la tome y la eche en un saco que llevaba colgada en la excavadora.

Acabo mi turno – ¿ oye Mike vamos por unas cervezas?  - Me decían los demás obreros – no gracias – respondí, tenía suficiente cerveza en mi casa, pase al supermercado por un bistec de hígado de res, para acompañar mis cervezas. Al llegar a mi casa vote la lámpara sobre el sofá y me fui a la cocina hacerme mi bistec.

 Al estar cenando sentí curiosidad sobre esa vieja lámpara – creo se la venderé a don Felipe,  el viejo de la esquina que compra antigüedades – pensé mientras me destapaba una cerveza más, tome la lámpara para limpiarla un poco y se viera reluciente y así sacarle mejor dinero. Mientras la estaba frotando,  de la lámpara salió un denso humo color violeta y de pronto una mujer de hermosa cabellera negra y bellos pechos apareció frente a mi, la chica miraba a todos lados, contemplando mi casa, a lo mejor veía lo sucio que estaba, no había limpiado en dos meses, había botellas de cerveza vacías, cajas de pizza y ropa por doquier. Luego me miró – ¿tu fuiste quien frotó la lámpara? – Me pregunto a lo que yo respondí – ¿a caso ves alguien más aquí? Ella me abrazo fuertemente, mientras yo me preguntaba de donde Rayos había salido aquella sexy mujer, no escuche la puerta abrir y ella llevaba ropa como de la India – seguro se escapó de un circo – pensé, después ella se apartó de mi y me dijo  – entonces tu eres mi amo, estado encerrada en esa lámpara por más de 3,600 años – me dijo, yo no pude contener la risa – ¿no me digas que eres una genio? – Le dije mientras reía – pues claro que soy una genio – me dijo y prosiguió – y ahora te cumpliré 3 deseos – que va, son puras tonterías tuyas, yo no creo en fantasmas ni en brujas, ni vampiros, ni en el presidente de mi país y mucho menos en genios, estas muy buena preciosa, pero vete por donde llegaste – le respondí. Que chica, de seguro se dio un fuerte golpe en la cabeza, ¿ella una genio? Que cosa tan más tonta, los genios no existen – me decía a mi mismo.

Ella miró sorprendida y dijo – pero no puedo irme hasta cumplirte los 3 deseos, son las reglas – yo no le hice caso y me senté a ver la televisión y tomarme otra cerveza. La chica se puso en medio de mi y el televisor y dijo
 – vamos tiene que creerme, soy una genio y le puedo cumplir tres deseos
– no me jodas – le respondí
– de verdad que lo soy, tu eres mi amo, pídeme lo que quieras,  ¿quieres ganado?
 – ¿ganado has dicho? No gracias, no quiero que toda mi casa huela a excremento de vaca
 – no tiene que ser aquí, te puedo dar un enorme palacio
 – ¿un palacio? ¿Y dejar esta casa que me heredó mi abuelita? Estas loca.
 – Bueno entonces diamantes ¿quieres diamantes? Te los puedo dar
 – ¿diamantes? Con tanta inseguridad que hay me pueden secuestrar, no gracias así estoy bien.
Se llevó toda la noche haciéndome propuestas y yo me negaba. Después ella se llevó las manos al rostro, se sentó en el sofá y echo a llorar – no puede ser, ¿Por qué me tocaría a mi un pelmazo de amo – decía mientras continuaba llorando,  ¿Qué podía yo hacer? Yo no creo en esas fantasías, pero después de ver que no paraba de llorar le dije – de acuerdo linda, tengo un deseo – emocionada se levanto – ¿ de verdad? ¿Qué quieres? Dime, ¿un castillo, oro, que quieres? – Me preguntaba.
 – ¿sabes que quiero?
 – Vamos dime amo
 – ¿de verdad quieres saberlo?
 – Si amo, dígame, vamos.
– Quiero que me des  una mamada,  con esa boca hermosa que tienes
Ella se quedó en silencio un buen rato – ¿una mamada? – Me pregunto – si una mamada, que me la chupes, para ser más exacto – le respondí, ella me miró sorprendida – bueno amo si eso quieres, eso tendrás – me dijo, así que me bajo los pantalones y comenzó, tenía una forma de mover la lengua increíble y no raspaba con los dientes como muchas que yo conocía, lo que ella hacia era arte. Después de dos horas acabe, ella se levanto y se sentó a lado mío – listo amo, ¿Cuál es tu segundo deseo? – Me pregunto – pues que tal si vas a la nevera y me traes un par de cervezas y me enciendes un cigarrillo – Después de haberle dicho eso, puso una cara como si estuviera viendo a un oso polar tomando el sol en Egipto, estaba tan sorprendida – ¿solo es quieres amo? – Me pregunto – si, solo eso – respondí, ella fue por mis cervezas, las destapó y las puso sobre la mesa de la sala, y me puso el cigarrillo en la boca y lo encendió – listo amo, tengo curiosidad ¿Cuál es tu tercer deseo amo? – Pregunto, yo lo pensé un rato y respondí – me gustaría mucho que me sobaras los pies, hoy e trabajado mucho y me duelen – ella sin decir mas empezó a sobarme mis pies por media hora, hasta que el dolor se me quito.

Después de eso se despidió y me dijo – sus deseos han sido cumplidos amo, ahora me retiro, y déjeme decirle que fue una experiencia interesante conocerle – lo entiendo, gracias a ti y cierra la puerta al salir – le respondí, seguí mirando el televisor, después me fui a dormir y al día siguiente me fui al trabajo, llevaba conmigo la lámpara, antes  de ir al trabajo se la lleve a don Felipe,  medio 100 pesos – genial, con esto compro las cervezas de hoy – Después de un tiempo me di cuenta que el negocio de don Felipe creció, en dos días construyó un palacio y tenia como 80 sirvientes y 4 limusinas y un avión privado – al que le va bien, le va bien – pensé,  un día después del trabajo me pase a comprar al supermercado un six de cervezas y unas alitas de pollo con el dinero que había conseguido por la lámpara de aceite, y camine hacia mi casa mientras recordaba a la chica que se creía genio – que bien la chupaba – pensaba.




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