No les ha pasado que cuando ven alguna película de acción y que se adentra tanto a tu mente, y hace que a veces quieras ser como el personaje principal de la película que has visto, te metes tanto en el papel principal que quieres hacer lo que hace al pie de la letra. ¿No les ha pasado?. Pues esto me paso a mi una vez. Creo que todos alguna vez hemos visto alguna película de Rocky Balboa, pues yo quede tan emocionado con esa película, que lo único que quería era subirme al ring, quería ser boxeador a como diera lugar. Yo tenía un amigo llamado manolo que estaba dentro del mundo del boxeo, en mi ciudad, cada fin de semana organizaban eventos boxísticos con los mejores pugilistas de la ciudad.
Un día me acerque a manolo y le dije – oye manolo, necesito que me ayudes, yo quiero ser boxeador, quiero que me consigas una pelea – el me miró sorprendido y respondió – ¿Qué estás loco? ¿Acaso no te has visto en un espejo? Eres un costal de huesos, te agarraran como escoba vieja – no puedo negar que me sentí algo ofendido por eso, aunque sabia que su opinión valía y era respetada, porque el era un conocedor en el tema – vamos manolo, dame una oportunidad, yo se que puedo, esta escrito en mi destino. Imagínate que un día me este disputando el campeonato del mundo, ayúdame – le dije con tanta labia – ya te dije que no ramón, no seas necio – lo mire con ojos de tristeza y le dije – anda manolo, dame una oportunidad – el me miró, después miró al cielo y luego de nuevo a mi y respondió – esta bien, esta bien, pero si te sangran el trasero yo no tengo la culpa, espera en tu casa y en esta semana te llamaré – me despedí de manolo dándole las gracias y me fui a mi casa.
Después de 5 días, recibí una llamada de manolo diciéndome que me había conseguido una pelea, tendría que pelear con Antonio “el gorila” López, era un tipo rudo y con fama de tener un buena izquierda. Yo no tenía miedo, después se me vino a la mente que tenía que tener mi nombre boxístico, luego de pensar por horas me decidí por ramón “el sancudo” ya que en el colegio siempre me decían que tenía piernas de sancudo. La pelea sería en dos semanas en un pequeño, muy pequeño estadio de fútbol de mi ciudad. Las dos semanas entrene muy duro, corría todas las mañanas, golpeaba fierros con un mazo, cargaba troncos sobre mi espalda, y me tomaba dos yemas de huevo todas las mañanas. esta bien tengo que admitir que la película de Rocky me había afectado un poco el cerebro, solo un poco. Pero nunca me había sentido con mas vida que como en esos momentos.
Llego el Día de la pelea, don Nacho el boleador de zapatos había aceptado ser mi patrocinador, así que me consiguió mi bata y mis guantes, claro, todo de uso, pero no importaba, solo llevaba 300 puestas. También acepto estar en mi esquina para darme indicaciones, salimos directo al cuadrilátero, la gente gritaba excitada, yo me sentía todo un Rocky en busca de una oportunidad – A lo mejor esta pelea también sea la inspiración para alguna película – pensaba yo mientras me subía al ring, de pronto de los vestidores salía Antonio “el gorila” media casi dos metros y tenia unos brazos que parecían troncos, yo pensaba que había salido de alguna cárcel, pero puse fría mi cabeza, después el presentador hizo lo suyo, después nos llamó al centro del ring – pobre gorila, te daré tu banana – le dije a mi rival mientras lo miraba a los ojos, creo eso lo hizo enojar porque podía ver como sacaba humo por la nariz y espuma de la boca. Regresamos a la esquina.
Sonó la campana, me dirigí hacia el gorila intentando tomar la distancia, hubiese tomado más distancia si no fuera por las cuerdas del cuadrilátero que no me dejaban. Le lance un derechazo el cual esquivo y me propinó un golpe de izquierda que me mando directo a la lona, la cabeza me daba vueltas, después recordé de mi entrenamiento – ¿pero que maldito entrenamiento? – pensé, si solo me había hecho idiota cargando troncos y comiendo yemas de huevo, jamás aprendí a boxear, de pronto el miedo me consumió, la cuenta iba en 8 así que me levante como pude tomándome de las cuerdas, me incorpore y trague saliva y agarre valor – hazle el uno dos tres, ¡el uno dos tres! - me gritaba don Nacho desde mi esquina – ¿ pero que carajo es el uno dos tres? – Pensaba yo, cuando vi como se acercaba de nuevo el guante del gorila, me conecto un fuerte golpe directo al ojo derecho, de pronto vi a 4 gorilas ahí, y volví a besar la lona. Sentía que moriría, la cabeza me dolía muy fuerte, con mis ojos casi cerrados logre ver a manolo como tiraba una toalla y el referí detenía la pelea, después vi a Jesucristo que se acercaba a mi desde el público, llego hasta donde estaba yo y me dijo – no te preocupes hijo mío, estarás bien, el boxeo no es para cualquier imbécil – luego finalmente cerré los ojos y me deje llevar.
Cuando volví abrir los ojos me encontraba en el hospital, don Nacho y manolo estaban al pie de la cama – ¿en que raund caí? – Les pregunte, - A la mitad del primero – me respondió manolo – jamás volveré hacer una cosa así – les dije – no estuviste tan mal, rompiste el récord de la pelea más rápida en perder – dijo don Nacho, se despidieron y me quede solo en cama. Después entro la enfermera y encendió el televisor, en una canal estaba pasando Rambo 3 en Afganistán – pero que buena película – pensé.
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