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jueves, 9 de junio de 2016

Dolce Amore - capítulo primero.




                       Capítulo 1



Corría el año de 1921 y  Fue establecida por la Enmienda XVIII a la Constitución de los Estados Unidos la prohibición de vender bebidas alcohólicas, así que en ciudades como chicago fue la oportunidad para la mafia italiana hacerse de dinero, y en muchos bares o restaurantes vendían vinos y licores clandestinamente apoyados y protegidos por la mafia. En la década de los años 20 en los puertos de new york,  llegaban emigrantes de varias partes del mundo. Y en el año 1928 en una embarcación que provenía desde Italia llegaba un joven llamado Vito Angelini, con la gran esperanza de poder salir adelante en la vida y olvidarse de las cosas infernales que vivía en Sicilia, su ciudad de origen.

No contaba con ninguna capital económica, solo tenía unos pocos dólares, llevaba con el solo dos mudas de ropa, una en su maleta y  la que traía puesta, un traje negro gastado y una vieja boina que su abuelo le había regalado. Caminaba por el muelle, mirando a lo lejos la gran ciudad de new york, entusiasmado por estar en el país de las oportunidades ya que en su tierra natal Sicilia, se decía que si un hombre quería volverse millonario debería emigrar américa. Muy pronto callo la noche y el frío invadía las calles de la gran ciudad, así que vito entró a un pequeño bar-comedor situado a unas calles del muelle.
Se acercó a la camarera – buenas noches, ¿tendrá algo de comer? - sólo tengo sopa de tomate, pero primero de ves ordenar algo de tomar – respondió la camarera con un tono pesado.
 (Vito) – bueno, puede traerme una botella de vino por favor
 (Camarera) – No tengo vino, sólo whisky y coñac
(Vito) – bueno entonces deme un whisky con soda
 la camarera le sirvió un trago y fue a la cocina por un plato de sopa de tomate, adentro del bar hacía mucho frío, hasta se podía ver el aliento de las personas al hablar.

La camarera se acercó y sirvió la sopa…
(Vito) ¿Algún lugar que conozca donde pueda hospedarme?
 (Camarera) a unas calles de aquí hay un señor llamado Frank el renta departamentos, no son nada lujosos pero ayudan a dormir y protegerse de las frías noches
 (Vito) me parece bien, ¿me puede dar bien la dirección para ir a ver?... La camarera anotó en una servilleta la dirección y se la dio. Vito salió de aquel lugar después de a ver cenado.

La noche era muy fría, su equipaje le pesaba por el cansancio, y los pies le empezaban a doler ya que las suelas de sus zapatos ya estaban demasiado gastadas. Pronto llegó a la dirección que se le había indicado, el lugar en donde se hospedaría
 – Disculpe, buscó al señor Frank – preguntando a un señor que estaba frente al edificio sacando la basura – pues yo soy Frank –   dijo el sujeto.
 (Vito) – Buscó un departamento.
(Frank) – si claro, tengo uno muy económico con agua caliente, está disponible por sólo 70 dólares a la semana
(Vito) – ¿qué? ¿70 dólares ha dicho? ¡Eso es un robo!
(Frank) – mire buen hombre, este es un barrio peligroso, andan muchos mafiosos por aquí y gente mala, de echó el departamento que le estoy ofreciendo, lo tengo disponible porque el sujeto que lo ocupaba lo acaban de asesinar ayer, creó andaba en malos pasos, no son tiempos muy seguros. Así que tómelo o déjelo
 (Vito) – muy bien, me quedó con él.

VITO:
Subí a la habitación, era algo sencilla, tenía una ventana que daba hacia un callejón, así que no me ofrecía un gran paisaje. Tenía un viejo colchón y una pequeña cocina, eso me servirá mientras encuentro trabajo y buscó algo decente. No tarde en recostarme, sentía cansancio por el viaje y mañana sería el día donde todo empezaría para mí. Buscar un empleo y salir adelante.
A vito le interesaba pronto encontrar un trabajo y empezar una vida decente, no quería recordar para nada, su vida pasada en su tierra natal, recuerdos que lo torturaban y que quería dejarlos enterrados fuese como fuese.

Al día siguiente se levantó muy de mañana, vestido con los mismos atuendos y sin desayunar, salió en busca de trabajo, primero fue a los muelles y por más que rogó por una oportunidad no conseguía trabajo, ya que por ser italiano lo creían un ladrón o un mafioso queriéndose infiltrar entre los muelles para saber así como operaba todo, pero lo que vito quería era sólo un trabajo y así poder comprarse algo de comer, ya que el medio día había caído pronto y su estómago ya le pedía alimento urgentemente. Caminaba por calles, bulevares, pidiendo sólo una oportunidad, pero nadie quería ayudarlo. Toda la gente lo miraba por encima del hombro, cuando notaban rápidamente su acento italiano. A lo lejos vio a un niño que estaba apuntó de tirar una rebanada de pizza a la basura, corrió hacia el pequeño y alcanzó a tomar la rebanada antes que callera al depósito, lo metió a su boca y suavemente lo masticaba sintiendo que comía un rico y exquisito manjar digno de un rey… lo que hace el hambre… pensó el mientras esa rebanada de pizza recorría su garganta.

En una ferretería vio un cartel donde se solicitaba un ayudante, así que entro y hablo con el encargado, era un hombre de largas barbas, aunque a vito le impresiono al verle de cerca, tenía moretones en el rostro y estaba vendado de la cabeza - ¿Por qué estará así? – se preguntaba vito. Como lo habían rechazado en lugares anteriores por ser italiano, intento disimular su acento, pero fue algo bastante difícil. Así que al final el encargado de la ferretería se dio cuenta que era italiano, y lo correo del lugar. Una noche antes unos italianos que pertenecían a la mafia fueron a visitarlo, lo extorsionaron sin darle muchas facilidades al pobre comerciante, como no tuvo para la cuota que le pedían, lo golpearon brutalmente. Y al ver a vito y reconocerlo que era italiano, sintió tanto miedo que le negó nuevamente el trabajo. Vito salió muy decepcionado de ahí, caminaba por las oscuras calles mientras meditaba.

Vito: mi primer día en este país y no empieza siendo lo que yo esperaba, se me está poniendo difícil el inició de esta nueva vida, valla vida. Creo que un perro de la calle esta mejor que yo. Pero no me daré por vencido, le hice una promesa a mi viejo que yo me haría un hombre de bien y lo conseguiré.

A pasado una semana y vito no puede conseguir trabajo, ya le debe al sr Frank la primera semana de renta, empieza a desesperarse por no poder conseguir algo, ya ha perdido unos kilos por no comer. Camina nuevamente por los muelles, cerca de él se estaciona un hermoso Ford plateado y del auto salió un señor alto y de unos 40 años, llevaba en su mano un maletín plateado y se dirigía a unos de los almacenes, de pronto un sujeto tira de su maletín y echa a correr – he ladrón hijo de perra, alguien haga algo – grita el hombre mientras mira a todos lados, vito no lo piensa dos veces y echa a correr tras el tipo, lo persigue muy de cerca, el ladrón se mete por un callejón y va aventando botes de basura a su paso, pero vito muy ágilmente los va esquivando. Ya estando cerca de aquel sujeto, vito salta y logra taclearlo – lo siento amigo pero lo que haces no está bien – dice vito, mientras se pone por encima de él y de un puñetazo logra noquearlo, le quita el maletín y regresa a donde su dueño se encontraba.

(Vito) – Tome esto es suyo…  el hombre se presenta, se llama Lucas Brandom
(Don Lucas) – he chico, eres bueno, no sé cómo agradecerte, ese mal nacido se hubiese llevado una buena pasta si no hubiera sido por tu ayuda. Soy el dueño de este almacén y de una línea de súper mercados, casi siempre ando cargado de dinero así que necesitó andar acompañado de un guarda espaldas, tengo a ruso conmigo, es mi hombre de confianza, pero ahora lo he mandado a checar unos asuntos fuera de la ciudad  y por eso no pudo estar aquí para ayudarme. Eres fuerte y muy ágil. Puedes trabajar para mí, quitarme algunos cuantos vagos de encima, no tienes que usar ni las manos como ahorita, portarías un arma y solo con mostrarla ahuyentaras a cualquiera ¿vamos que dices?
(Vito) – muchas gracias, pero no quiero tener nada que ver con armas de fuego.
(Don Lucas) – ¿estás seguro muchacho? Conmigo ganarías muy bien y podrías comprarte algo de buena ropa, que se ve que buena falta te hace.  Vamos acepta, de verdad que lo que has echó por mi merece gratitud.
(Vito) – gracias, pero le repito, no me interesa ser guarda espaldas de nadie, aunque si necesitó de un trabajo y ya que dice que es dueño de unos súper mercados, a lo mejor pueda darme trabajo
(Don Lucas) – claro chico por eso no te preocupes, te daré trabajo y deja darte algo de ropa, para que te quites esa que tienes con tanto hoyo, y un buen sombreo y te quites esa vieja boina.
(Vito) – le agradezco su amabilidad pero esta boina no la cambio por nada.
(Don Lucas) – muy bien muchacho, pues aquí esta… le extiende una tarjeta… toma, esta es mi dirección de mi oficina, date una vuelta mañana y te conseguiré algo, por cierto, ¿Cuál es tu nombre?
(Vito) – me llamó vito, vito Angelini.
(Don Lucas) – bien vito, pues te espero pronto por la oficina.
(Vito) – claro señor, grazie.
Don Lucas se metió en su auto y se fue de ahí. Vito miro la tarjeta pero como aun no conocía bien la ciudad no sabía dónde se encontraba la ubicación de la oficina, se acercó a un barrendero que se hallaba ahí recolectando la basura, y le pregunto cómo llegar a la dirección que en la tarjeta se indicaba. El barrendero le explico con detalle hasta que a vito le quedo todo claro – grazie buen hombre – le dijo al barrendero y lo dejo continuar con su trabajo.

Vito  se alegró, ya que vio que pronto tendría trabajo. Pensó ir por algo de comer pero recordó que no tenía dinero, decidió mejor dar una vuelta para conocer mejor la ciudad, pero su estómago le pedía comida urgentemente, no había comido nada desde el pedazo de pizza que pudo rescatar. Era ya la hora pico, la hora donde muchos empleados salían a comer. Paso por un pequeño restaurant llamado “mama mía” de donde salía un agradable aroma a pan recién horneado, había unas cuantas mesas a fuera, muy pronto se percató que muchas de las personas que ahí comían, dejaban comida en los platos, muchos de los clientes, por la prisa de regresar a sus trabajos, dejaban pagado sin esperar el cambio, poniendo solamente la cantidad exacta de dinero para cubrir la cuenta – ahorita que se levante una de esas personas, me sentare y comeré lo que dejo, al fin que ya dejaron pagado – pensaba vito mientras observaba del otro lado de la acera. Continuo ahí por dos horas, cuando vio que  una pareja se levantó y dejaban el dinero para que lo tomara el mesero y se fueron de nuevo a sus trabajos. Dejaron comida en sus platos, muy cautelosamente vito se acercó y miro a todos lados para asegurarse que nadie se percatara de lo que estaba haciendo.  Una vez seguro, se sentó. Pero antes que pudiera probar un bocado, llego un mesero, levanto los platos y limpio la mesa – en un momento le atienden señor –le dijo el mesero a vito, minutos más tarde Salió una mesera, era una linda chica de ojos verdes y pelo castaño, y hermosa figura –  ¿Qué vas a ordenar? Preguntó la mesera
(Vito) – la verdad es que, yo, es que yo no traigo dinero, pero podría lavar algunos platos o ayudarte con la limpieza  (mesera) – mira porque no vas a la parte de atrás y me esperas, tienes cara de no haber comido en días – vito se levantó y fue hacia la parte trasera del restaurant y espero, después de 15 minutos salió la chica con un plato de espagueti con albóndigas.
(Mesera) – mira te pude conseguir esto y esta botella de vino, está a la mitad porque era de un cliente, pero dejó esto
(Vito) – grazie pero no tengo como pagártelo. Y de verdad meda  mucha pena este lindo gesto que tienes conmigo.
    (Mesera) – no te preocupes, algún día me invitarás a mí, y por cierto me llamo Fiorella Bonatti. (También era italiana)
 (Vito) – yo me llamó vito, y otra vez gracias.
(Fiorella) – y dime, ¿de qué parte de Italia vienés?
(Vito) – soy de Sicilia, no hace mucho que llegue América ¿y tú?
   (Fiorella) – yo soy de Palermo y ya tengo un año viviendo aquí, vine sola con mi abuela.
Vito no pudo evitar el recuerdo de él y su abuelo, seguía escuchando a Fiorella mientras comía como si lo hubieran tenido enjaulado por años.
(Fiorella) – bueno, debo dejarte, tengo que seguir trabajando, esperó verte pronto, cuídate vito.
(Vito) – claro, y de verdad muchas gracias por la comida.
(Fiorella) – No te preocupes, no es nada – respondió ella con una linda sonrisa.
Fiorella se metió de nuevo al restaurant mientras vito terminaba de comer…que linda chica y que amable… pensaba vito mientras tomaba su último trago de vino.

Vito: he quedado satisfecho, y es mejor ir a casa ya que parece que quiere llover, mañana iré a buscar a don Lucas para ver lo del trabajo y también debo decirle a Frank que me espere con la renta, que ya conseguí trabajo para pagarle. Vaya de verdad la chica del restaurant calmó el hambre que tenía, tal vez más adelante le pueda devolver el favor si llegó a pasar por aquí de nuevo.

Vito se dirigió a su apartamento llegada la noche, caminaba contento, con el estómago lleno, un policía fumaba un cigarrillo - ¿me puede convidar de su cigarrillo? – Le dijo vito al policía – toma acábatelo - le  respondió, vito tomo el cigarrillo, le agradeció y continuo su camino. Llego por fin  a su apartamento, se quitó su ropa, se metió a bañar y después se acostó en su cama, esperando a que pronto amaneciera, ya que intuía que el día siguiente sería. Para él.....

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1 comentario:

  1. Un relato sencillo pero envolvente. Mas curiosidad me causa saber como se siguen dando las cosas entre Vito y Fiorella

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